Me contó que le dolía ya demasiado el corazón como para hacer fuerza y volver a fingir estar bien cuando en realidad estaba hecha mierda.
Me contó que le daba asco la gente que creía ir siempre de frente, dando la cara; esa gente que se creía su propia mentira. Se refería a esa mentira que una persona se inventa para sentirse mejor, para no reconocer que ha metido la pata hasta el fondo, para no aceptar que se ha equivocado y, así, culpar a los demás.
Me contó que odiaba esa gente porque nunca son capaces de ser ellos mismos, siempre necesitan a alguien que les impulse los ideales, los pensamientos, la personalidad...

Y así... Así no se va a ninguna parte.

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