viernes, 13 de febrero de 2015

Al andar. Desde pequeña. En verano, a veces, tengo que echarme talco donde se juntan para que no me escueza. Y tengo el culo gordo. Y las piernas. Y durezas en los pies. Y pelos donde no debe ser.
Y me están saliendo arrugas, canas, manchas. Que a veces se mezclan con los granos. Y suelo tener ojeras. Y no tengo los dientes blancos, ni están todos en fila, ni son exactos.
Por eso soy perfecta. La perfecta borrega asustada que se pasará la vida tratando de que le quede distancia entre las piernas, de que sólo algunas de sus curvas sean convexas, de que no haya en su cuerpo rastro de pelos, granos, manchas, pieles muertas... Que comprará cosas, revistas, cremas. Que se avergonzará de su cuerpo y querrá el de otras, y se culpará de no tenerlo. Que lo esconderá como pueda, por miedo a escuchar la mirada ajena. Que se sentirá vieja, fofa, fea. Que se creerá invisible, inquerible, incogible, despreciable...
O igual no soy tan perfecta. Igual soy una mujer grande, en una autoestima pequeña. Igual me pierdo todo lo que dicen estos ojos, porque los uso sólo para buscarme nuevos rincones fofos. Igual estoy desperdiciando el tiempo, empeñada en que no se me note por fuera. Igual me despierto un día de estos, y me rindo y pierdo la batalla imbécil de soñar con estar buena.
Y entonces, igual, empiezo a entender que para sentir fuego en el pecho no hace falta tener las tetas tiesas. Que para morder con placer no hace falta tener una boca tierna, que lo que importa es mover el culo al bailar, al correr, al pedalear, al coger, no las dimensiones que tenga. Que mi cuerpo es mi única arma para ser, no un solar en el que acumular mis mierdas. Que para disfrutar de que te acaricien el pelo, no hace falta currarse una preciosa melena.
Igual un día entiendo que no hay nada valioso en la belleza, que es sólo un invento de quienes no les conviene que me quiera. Porque dejaría de comprar, de esconderme, de juzgarme, de envidiar. Y entonces me sentiría libre y valiente y dueña de mis pies, de mi culo, de mis tetas, de mis pelos, de mis curvas, de mi coño, de mis piernas. Y usaría mi cuerpo para vivir, no para envolverlo en complejos y cremas. Y sería mucho más feliz. Y eso, en este mundo, no cuela.




Textos de Faktoría Faktoria Lila.



Me encantó. Ahi lo dejo

jueves, 12 de febrero de 2015

A veces se nos acaba la gasolina y necesitamos a una persona que impulse a seguir.
Tal vez no encuentres al hombre prefecto que llenaba todas tus expectativas. Está bien. Es normal. Pero hay una característica sobre todo, que nadie debería tranzar a la hora de encontrar el amor, y es que tu pareja te inspire.
Que te inspire de una forma simple, a ser mejor persona, pero también que te inspire de una forma compleja: a salir de tu zona de confort. A atreverte y probar lo que siempre dijiste que nunca ibas a probar.
No debería importarte tanto su trabajo, como que a él le encante su propio trabajo. No debería importarte tanto cuánto gana, como cuál es su estilo de vida y si él mismo cree en él.
Un hombre coherente consigo mismo te inspirará a hacer lo mismo tú. A buscar lo que siempre has querido para ti. A ser tu misma pero sin dejar de experimentar. Está bien si él te desafía un poco. Si te saca de tu zona de confort en cuanto a tus creencias, a tu cultura y tus valores. Porque aunque la motivación propia es importante, a veces se nos acaba la gasolina. A veces necesitamos a una persona que corra con nosotros, diciéndonos que podemos seguir adelante, que podemos cruzar la meta.
Y si él te inspira es importante que tú lo inspires también. Que tú puedas empujarlo a ser mejor y a salir de su zona de confort. La inspiración es como una hierba que crece rápido y se esparce y se contagia. Cuando funciona, cuando realmente funciona, una pareja se alimenta la una a la otra. Se hacen mutuamente mejores. Consistentemente se motivan a probar cosas nuevas y a llegar más alto.

Una relación inspiradora es otra manera de decir que es una relación saludable. La inspiración nos hace querer hacer algo. Mueve nuestras emociones, nuestro intelecto, nuestro comportamiento. ¿Y no es eso lo que cada relación necesita? Necesitamos estar influenciados por la inspiración para sentir felicidad y amor, influenciados profundamente para querer a alguien a parte de a nosotros mismos, influenciados para mejorarnos mientras mejoramos a aquello que está a nuestro alrededor.
Por eso, busca un hombre que te inspire. No solo que cumpla el rol social del novio sino un hombre que admires. Que te motive a ser mejor cada día para él. Hay alguien allá afuera que es para ti y con quien no sentirás que te estás conformando.

10 momentos en los que más echo de menos a mi hermana

Mi hermana y yo somos uno contra el mundo. Echo de menos ese apoyo incondicional. Puede sonar absurdo, pero si estoy con mi hermana me siento protegida. Nadie puede hacerme caer, porque ella está ahí para levantarme.

Cuando me apetece simplemente quedarme en casa...

Creo que es una de las cosas que más solemos hacer juntar. Simplemente tumbarnos juntas a descansar y ver cualquier cosa en la televisión. Echo de menos incluso sus regaños porque subo demasiado el volumen.

Cuando me estoy vistiendo para una cita

Mi hermana es directa y sincera como nadie. Es la única capaz de decirme: “¿En serio vas a salir así? (Cara de asco incluida). Esta Navidad me dijo: “Creo que ya eres un poco mayor para ir tan corta”. Tengo 32 años.

Cuando veo algo que sé que le daría demasiada risa

A veces me pasa. Veo algo y comienzo a reírme sin parar. La gente me mira porque no entienden…Simplemente sé que ella sí lo entendería.


 Cuando lloro

Papá, Mamá, estoy bien. No se preocupen. Pero, ¿a quién voy a engañar? Estar tan lejos de ella es difícil y, a veces, se hace duro. Y es en esos momentos cuando necesito a mi hermana para abrazarme y decirme que todo va a estar bien.


Cuando salgo de fiesta

Hay demasiadas canciones que me recuerdan a ella. Creo que los mejores bailes de mi vida han sido con ella. Siempre que salgo y suena una canción “nuestra” le envío una grabación de voz. Es inevitable.


Cuando hago el tonto

Ambas tenemos más de 30. Sin embargo, seguimos comportándonos como niñas muchas veces. Echo de menos fastidiarla. Ir detrás de ella sin que se dé cuenta y darle un susto, despertarla cuando está plácidamente durmiendo la siesta… Es la única persona en el mundo a la que puedo fastidiar sin que se enfade por más de 2 minutos.


Cuando me pasa algo que no quiero admitir

Ella sabe leer mi cara. Muchas veces necesitamos expresar lo que sentimos pero no nos atrevemos. Ella siempre insiste hasta que confieso qué me pasa. Y me siento mucho mejor. Además sé que puedo decir cualquier cosa o pegar gritos, ella no se va a asustar.




SIEMPRE

No me importan los Skypes, Whatsapp o mensajes de Facebook que podamos enviarnos. Nada va a poder ser igual de increíble que estar con ella.