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Vivir. Avanzar. Tropezar. Aprender. Seguir adelante. Querer. Soñar. Sentir. Reír. Volar. Atreverse.

P asan los años y nos hacemos mayores. Aprendemos a vivir, a querernos, a luchar, a levantarnos cuando nos caemos. Aprendemos a entender quiénes somos, quiénes queremos ser. Aprendemos a querernos y a caminar hacia lo que nos hace felices. T ropezar, caer, levantarse. Tropezar, caer, levantarse. Tropezar, caer, levantarse .   Vivir. Avanzar en la vida viene a veces acompañado de lazos. Lazos que nos unen a personas, a vivencias, a sentimientos, a lugares. Nos atamos, voluntaria o involuntariamente a elementos que vamos encontrando por nuestro camino hasta que, al final, se vuelven imprescindibles. A veces, sin querer, entre esos lazos se cuelan algunos que nos unen a cosas tóxicas. A piedras que no nos dejan avanzar. A elementos que nos rodean y que damos por supuesto sin pararnos a pensar que podrían estar haciéndonos daño, frenándonos en nuestro camino. Atreverse no implica necesariamente vivir saltando al vacío, ni dejarlo todo cada vez que no sabemos cómo enfrentarnos a n...

Cuando no había...

Me voy a poner un poco en plan Abuela Cebolleta, pero lo cierto es que recuerdo, no sin cierta añoranza, aquellos tiempos en los que nos despertábamos con el móvil apagado y no lo encendíamos hasta bien entrada la mañana. No había redes sociales, no había notificaciones que leer, si acaso  un sms de  ‘Buenas noches preciosa’  que te habían enviado cuando ya te habías ido a la cama y por el que el chico en cuestión había pagado 0,15 céntimos. Eso era amor y no los besos con corazón del whatsapp… Notitas de amor en papel entre compañeros de clase, una llamada perdida cuando salía algo en la tele que te recordaba a él, cintas de casette con vuestras canciones. Ir a recogerte a la puerta de casa, usar el telefonillo para decir  ‘Ya estoy aquí, baja’ , saberse de memoria el teléfono fijo de tu novio y tus mejores amigas y llamar, hablar, mantener conversaciones importantes durante horas, o hacer una llamada rápida para quedar y hablar las cosas en persona.  Los...

¿Y si..?

El otro día me di cuenta.  El otro día caí.  No lo sabía, pero me había ido fabricando una  montaña de miedos, de inseguridades, de complejos, de autoengaños.  Estaban colocados uno sobre otro y yo estaba sentada una silla encima de esa incómoda cima. Ahí pasaba los días, pensando que esa vista, que ese lugar, era lo normal y donde yo tenía que estar. La empecé a construir hace años. Nació siendo una colina pequeña y ha ido creciendo y creciendo hasta casi convertirse en una gran montaña. Doy gracias por haber resbalado ahora antes de que esa montaña se hubiese convertido en un ochomil, la caída habría sido muchísimo peor. La caída del otro día fue inesperada. Un descuido tonto, una carga de más, una acumulación más, un golpe en el pecho más y caí.  Caí ladera abajo, golpeándome con la esquina de algún miedo y complejo, haciéndome rasguños con pena y agobio afilado, raspándome la piel con silencios guardados y carga acumulada.  Pero ahora estoy algo me...

También soy imbécil

 Nos empeñamos en poner nuestros corazones en manos de otros, con la esperanza de que lo cuiden y haciendo que nuestra felicidad y bienestar dependan de ello. He necesitado muchísimos años en una relación tóxica, y otra buena temporada sola para darme cuenta de que la vida pasa muy deprisa y yo seguía estancada, mirándola pasar. También he pasado por la típica etapa en la que intentas buscar en las redes sociales y todo ese tipo de aplicaciones para conocer gente, alguien que consiga volver a encender la chispa, que consiga "pegar" esos trozos que se han roto o perdido por el camino, o llenar un vacío para sentirte mejor. Y no funcionó. Acabé más rota aún. Descubrí la frialdad con la que algunas personas pueden llegar a tratarte, y como te acabas dando cuenta de que la mayoría va buscando personas por catálogo. Como si de la búsqueda del traje para la boda de tu amigo se tratase. Solo les importa ver suficientes fotos para despues seguir hablándote, o no hacerlo. Da igual el ...

Si, soy una intensa

Lo confieso: soy una intensa. Ya está, ya lo he dicho. Ya he salido del armario de la intensidad. Soy una intensa, pero mucho. Lloro con las películas tristes, con las felices y hasta en los musicales, cuando cantan alguna lenta.  También hago mucha una cosa, y es que cuando me gusta alguien, me ilusiono muy rápidamente y me paso todo el día soñando despierta. Si me sale bien, vivo la relación muy intensamente y cuando no, vivo la pérdida con la misma intensidad. No puedo evitarlo, siempre he sido una intensa. Y cuando me llamo a mí misma “intensa” no lo hago para dar una imagen de superioridad intelectual de mi misma, ni mucho menos. No quiero que me imaginéis redactando este post mientras me fumo un cigarro tumbada en la cama con un libro de Dostoyévski reposando casualmente sobre mi mesilla. Además, eso solo pasa en las películas  y en las historias de Instagram de treintañeros desesperados por ligar. Que sea una intensa, tampoco significa que no sepa relativiza...

Yo lo que quiero es un hombre valiente

Me da igual que sea alto, bajo, gordo, flaco, que le guste el flamenco o baile claqué.  Me da igual si tiene patillas o el pelo rapado; si viste con corbata o es de zapas y a correr. No me importa que duerma con pijama de franela, que ronque por las noches o que no use hilo dental. Tampoco es importante su estatus social, ni económico, ni su ámbito familiar. Yo lo que quiero es que sea valiente. Valiente para apretarme entre sus brazos cuando hacemos el amor con la misma pasión que me presenta a su amigos.  Valiente para besar cada una de mis estrías sin importarle el qué dirán.  Valiente para no escapar ante cualquier adversidad. Valiente para enfrentarse a los retos, a las incógnitas, a todos los por qués. Quiero un hombre que salte hacía el vacío, que le ponga el futuro tanto como a mi sus labios. Que no se estanque,  que avance aunque sea con pequeños pasos . Las zancadas a veces, son de temerarios. Necesito que sea  valiente conmigo, pero sobreto...

Si me caigo, me levanto

Soy, como dicen, de las que se puede bajar la luna sola, pero tengo ganas de que me la bajen. Si me caigo me levanto, te lo juro. No soy mujer de rendirse, no soy mujer de agachar la cabeza si alguien me levanta la voz. Yo soy pico duro, yo respondo, afronto, arriesgo y confronto. A mí no me va a intimidar ningún altanero, por muy presidente que sea, ni ningún escote, por muy 100B que yo sea.  Yo voy a decir lo que me gusta y lo que no. Si tengo ganas de reír, lo haré a carcajadas y si tengo ganas de llorar, lloraré a mares . No me gusta el término medio, o se vive o tan solo se respira. Yo quiero un amor entero porque no sé amar a medias. Soy, como dicen, de las que se puede bajar la luna sola, pero tengo ganas de que me la bajen. Soy una romántica empedernida pero no quiero al príncipe azul sólo quiero al hombre imperfecto que para mí sea perfecto. No necesito quien me complete porque yo ya vine completa.  Quiero acompañarlo y que me acompañe, con libertad y espa...