Aquí estoy de nuevo con demasiadas ganas de mandarlo todo a la mierda y con pocas de salir de mi mundo. Me he enfadado con todo lo que me rodea aunque quizás el problema lo tengo yo sola. Necesito escapar de esto, de este lugar que está volviendo loca, realmente loca. O simplemente una noche entera bajo las estrellas que vigilan aquella playa a la que no suelo ir ya. Ya no sé que es lo que necesito, quizás pensar en todo esto solo empeore mi situación o me haga hacer cosas de las que luego pueda arrepentirme. Tengo tanto dentro que no se por donde empezar, no sé si escupir todo lo que va por dentro o guardarlo para irlo tragando de poco en poco y empezar a aceptar todo esto que tengo delante. Porque ya no quedan de esas personas en las que confiar, porque no quedan de esas personas con las que puedes pasar horas en silencio y luego continuar como si nada hubiera pasado. Aveces lo echo de menos y aveces me repito a mi misma que yo sola me lo he buscado. Así que ya no me queda nada que hacer, saldré a la calle a pasearme entre toda esa gente a la que no le importa que estés enfadada con ellos tambien y te sonrian sin más y entonces sin ellos quererlo te hacen darte cuenta de que realmemte no merece la pena andar triste por esta vida, que no merece la pena bajar la cabeza cuando alguien te mira fijamente queriendo decir de todo sin soltar una palabra. Voy a escaparme de este lugar. Abre la puesta, que voy para allá!
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
Comentarios