Ella no mira, te ve sin mirar. Ella no opina, siempre tiene razón. Ella no calla, te escupe las palabras desnudando el corazón. Ella no miente, solo inventa. Ella no sufre, solo traga. Ella no muerde, solo sangra. Ella ya no muere, solo vive. Ella no cansa, regala ilusión. Ella no camina, solo quiere correr. Ella no te contesta, sonríe. Ella no oye, escucha. Ella entiende, sin preguntar. Ella no reserva, lo esconde. Ella no busca, la encuentran. Ella se va, pero después vuelve. Ella no folla, hace el amor. Ella no usa etiquetas, aun y así la etiquetan. Ella no llora, se descompone. Ella no duerme, sueña. Ella no canta, compone. Ella no baila, rasca el suelo. Ella no habla, escribe. Ella no olvida, captura instantes preciosos. Ella existe, igual que el gnomo. Ella no es que esté quieta, solo te espera. Pero hoy está cansada, y no habrá hueco para ti en su cama.
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
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