Supongo que necesito los pequeños detalles, las sonrisas, los abrazos, los disgustos, las ironías, incluso la indiferencia. Son el reflejo de cada uno de nosotros, algo así como nuestra marca personal. Quizás es por eso no se puede reemplazar a nadie, porque todos estamos hechos de pequeños detalles. Cosas que hacen que alguien más extrañe nuestra presencia. Momentos irremplazables. Algo así como un café. Si. Un café, hoy, con cualquier persona, será tremendamente distinto a un café de hace cuatro años, con la misma persona. Y creo que no deberíamos intentar recuperar lo que perdemos. Porque no será lo mismo.
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Perder a tu mejor amigo es perder un pedazo de alma. No es solo alguien con quien compartías risas, secretos o días enteros de conversaciones sin fin. Es perder a esa persona que hacía que el mundo fuera más soportable, que convertía lo cotidiano en especial, que era capaz de arrancarte una sonrisa incluso en tus días más oscuros. Cuando tu persona favorita en el mundo se va, todo pierde color. La rutina se siente vacía, las horas se hacen eternas, y cada rincón guarda un recuerdo que duele tanto como consuela. Porque sí, recordar también duele. Es como tener una herida abierta que sangra cada vez que piensas en lo que ya no será. El suicidio deja preguntas que nunca tendrán respuesta. Te rompe por dentro imaginar cuánto tuvo que sufrir en silencio alguien que, por fuera, parecía lleno de vida, alegría y risas. Te castigas pensando si podías haber hecho algo más, si una palabra, un abrazo o una mirada hubieran cambiado su decisión. Pero la verdad es que el dolor que él llevaba ...
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