Quizás el nuevo año sólo sea un salto en las manecillas del reloj o arrancar una hoja en el calendario, pero eso nos anima. A mí personalmente lo hace. Es marcar una fecha para empezar de nuevo o para continuar creciendo. No tengo un estudio de cómo ha sido este año ni estadísticas sobre si pesa más lo bueno o lo malo, sólo sé que a día de hoy me siento satisfecha. Contenta de que cada una de las personas importantes en mi vida haya estado a mi lado y confío en que siga siendo así. Cada vez noto las relaciones más fuertes y eso me encanta. Satisfecha también de mis pequeños logros y de haberme dado cuenta de cosas de las que quizás debería haberme dado cuenta antes, aunque nunca es tarde y por eso mismo tenemos un año más, siempre. También ha habido pérdidas y malos tragos de los que algo he sacado y, como todo, han pasado. Gracias a ello me encuentro ahora en este estado de ánimo. Si hubiera que resumir este año en alguna palabra sería ‘fuerza’. Sí, siempre fuertes.
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
Comentarios