Tengo cien mil toneladas de amor para dar, pero no se a quien.
Tengo ganas de todo, de odiarte y necesitarte a la vez. De alejarme de ti y volver corriendo para ver que aun sigues ahí. Tengo ganas de que me mientas y saber que todas tus palabras no son ciertas . Tengo ganas de perderme y encontrarme contigo. Tengo ganas de tener un plan B, C, o Z. Tengo ganas de vivir sin planear, de saltar y saber que me cojerás. Tengo ganas de restar penas, sumar sonrisas, multiplicar recuerdos y no dividir mi corazón.
Tengo ganas de anelar lo que nunca he tenido, de gozar de lo porhibido, de nadar en el desierto, tengo ganas de que me ocurra la casualidad más grande de mi vida. Tengo ganas de sorprenderme de cosas que ya sé. Tengo ganas de nuevas relaciones con personas iguales, ganas de confesar lo inconfesable
y de juntar el agua con el aceite.
Tengo ganas de una sencillez complicada, ganas de entender las lógicas de un borracho. Tengo ganas de preguntar sin que me den respuesta, que me respondan con gestos, tengo ganas de no escuchar palabras. Ganas de que la oscuridad me ilumine. Tengo ganas de verte con los ojos cerrados y soñarte con mis dedos. Ganas de tener prisa para ir despacio. Tengo ganas de que me arrastren los sentimientos. Tengo ganas de observar aquello que a primera vista no vi. Pero aun tengo más ganas de no saber de ti, ganas de echarte de menos, de no sentirte, de ignorarte
Tengo ganas de todo y nada a la vez
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
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