Tengo cien mil toneladas de amor para dar, pero no se a quien.
Tengo ganas de todo, de odiarte y necesitarte a la vez. De alejarme de ti y volver corriendo para ver que aun sigues ahí. Tengo ganas de que me mientas y saber que todas tus palabras no son ciertas . Tengo ganas de perderme y encontrarme contigo. Tengo ganas de tener un plan B, C, o Z. Tengo ganas de vivir sin planear, de saltar y saber que me cojerás. Tengo ganas de restar penas, sumar sonrisas, multiplicar recuerdos y no dividir mi corazón.
Tengo ganas de anelar lo que nunca he tenido, de gozar de lo porhibido, de nadar en el desierto, tengo ganas de que me ocurra la casualidad más grande de mi vida. Tengo ganas de sorprenderme de cosas que ya sé. Tengo ganas de nuevas relaciones con personas iguales, ganas de confesar lo inconfesable
y de juntar el agua con el aceite.
Tengo ganas de una sencillez complicada, ganas de entender las lógicas de un borracho. Tengo ganas de preguntar sin que me den respuesta, que me respondan con gestos, tengo ganas de no escuchar palabras. Ganas de que la oscuridad me ilumine. Tengo ganas de verte con los ojos cerrados y soñarte con mis dedos. Ganas de tener prisa para ir despacio. Tengo ganas de que me arrastren los sentimientos. Tengo ganas de observar aquello que a primera vista no vi. Pero aun tengo más ganas de no saber de ti, ganas de echarte de menos, de no sentirte, de ignorarte
Tengo ganas de todo y nada a la vez
💫
Perder a tu mejor amigo es perder un pedazo de alma. No es solo alguien con quien compartías risas, secretos o días enteros de conversaciones sin fin. Es perder a esa persona que hacía que el mundo fuera más soportable, que convertía lo cotidiano en especial, que era capaz de arrancarte una sonrisa incluso en tus días más oscuros. Cuando tu persona favorita en el mundo se va, todo pierde color. La rutina se siente vacía, las horas se hacen eternas, y cada rincón guarda un recuerdo que duele tanto como consuela. Porque sí, recordar también duele. Es como tener una herida abierta que sangra cada vez que piensas en lo que ya no será. El suicidio deja preguntas que nunca tendrán respuesta. Te rompe por dentro imaginar cuánto tuvo que sufrir en silencio alguien que, por fuera, parecía lleno de vida, alegría y risas. Te castigas pensando si podías haber hecho algo más, si una palabra, un abrazo o una mirada hubieran cambiado su decisión. Pero la verdad es que el dolor que él llevaba ...
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