Estas son las últimas palabras que te dedico. Esta es la última vez que pienso en ti como un nosotros. La última vez que pienso en llamarte desesperada. La última vez que pienso en que se podría arreglar. No, no se podría ni aunque quisieses, porque parece que me va a costar toda una vida olvidar todo el daño. El daño, los lloros, los desmayos, las culpas, la otra, el miedo, a ti desapareciendo en mitad de la noche de un día de Noviembre. El querer un motivo, el necesitar un motivo. Pues que te jodan. Por toda esa gente que no sospechamos que está ahí y que será igual de especial de lo que nosotros fuimos. Seguramente incluso más. Adiós. Adiós, idiota.
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
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