Son las sensaciones extrañas las que nos hacen meditar. Mi vida gira entorno a una gata y pocas personas. La mayoría de mis días carecen de sentido y hay veces que no me acuerdo por que apago el despertador. Cuando me asomo a la ventana y veo que hace sol me entra una sonrisilla placentera, recordandome que cada vez queda menos para quitarme la chaqueta. Volví a fumar por nerviosismo y dependencia, ahora consumo las horas igual que los cigarros me consumen a mi: sin ninguna finalidad. Tampoco entiendo muy bien que ha pasado, qué he hecho mal ni quien me ha dado tanta paciencia. Pero sigo levantandome por las mañanas y sigo buscando mis sueños, aunque aun no se muy bien donde están.
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
Comentarios