Hoy es día de mandar a la mierda cosas. Por ejemplo, yo hoy mandaría a la mierda a las personas que tienen complejos y nos recuerdan a los demás los que tenemos. Me gustaría mandar a la mierda también a todos aquellos que te cambian por cualquiera sin ni siquiera parpadear. Por supuesto, mando a la mierda a los que hablan de todo sin saber absolutamente nada, a los encantadores de serpientes, a los que fingen una sonrisa, a los conformistas, a los que no son capaces de perdonar, a los que son cobardes y no saben afrontar sus vidas, a los que no saben lo que quieren y fingen tener justamente aquello que siempre habían querido, y mando a tomar por culo a todas las personas que dicen esas cosas como “tengo todo lo que necesito”, “soy completamente feliz”, “mi vida en este momento es perfecta” o “me voy a morir habiéndolo probado todo” porque todo eso es mentira. Mando a la mierda a la gente que alardea de la buena suerte que tienen, que explotan sus puntos fuertes y esconden los puntos débiles en cualquier trastero. Mando a la mierda, mando a tomar por culo o maldigo a las personas que no saben ser ellas mismas en ningún momento del día. Ni siquiera cuando es de noche y todos los gatos son pardos.
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Perder a tu mejor amigo es perder un pedazo de alma. No es solo alguien con quien compartías risas, secretos o días enteros de conversaciones sin fin. Es perder a esa persona que hacía que el mundo fuera más soportable, que convertía lo cotidiano en especial, que era capaz de arrancarte una sonrisa incluso en tus días más oscuros. Cuando tu persona favorita en el mundo se va, todo pierde color. La rutina se siente vacía, las horas se hacen eternas, y cada rincón guarda un recuerdo que duele tanto como consuela. Porque sí, recordar también duele. Es como tener una herida abierta que sangra cada vez que piensas en lo que ya no será. El suicidio deja preguntas que nunca tendrán respuesta. Te rompe por dentro imaginar cuánto tuvo que sufrir en silencio alguien que, por fuera, parecía lleno de vida, alegría y risas. Te castigas pensando si podías haber hecho algo más, si una palabra, un abrazo o una mirada hubieran cambiado su decisión. Pero la verdad es que el dolor que él llevaba ...
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