Apagado o fuera de cobertura. Sin batería, como quieras llamarlo. Así tengo yo el corazón. Y ahora, me recuerdas a mi cuando mi corazón aún funcionaba. Sí, porque yo también lo he sentido. Eso de estar enfadada, ¿no?. Nada está claro. Nada es claro. Tú no lo tienes claro. Todo es un lío. Entonces es cuando te enfadas, la situación, el momento, la hora, el minuto, incluso el segundo... todo, todo te saca de quicio. (Incluido Él, por supuesto). Y te enfadas y al enfadarte te enfadas todavía más por estar enfadada. Y todo sigue siendo un lío. No lo niegues, porque yo también me he sentido así.
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Perder a tu mejor amigo es perder un pedazo de alma. No es solo alguien con quien compartías risas, secretos o días enteros de conversaciones sin fin. Es perder a esa persona que hacía que el mundo fuera más soportable, que convertía lo cotidiano en especial, que era capaz de arrancarte una sonrisa incluso en tus días más oscuros. Cuando tu persona favorita en el mundo se va, todo pierde color. La rutina se siente vacía, las horas se hacen eternas, y cada rincón guarda un recuerdo que duele tanto como consuela. Porque sí, recordar también duele. Es como tener una herida abierta que sangra cada vez que piensas en lo que ya no será. El suicidio deja preguntas que nunca tendrán respuesta. Te rompe por dentro imaginar cuánto tuvo que sufrir en silencio alguien que, por fuera, parecía lleno de vida, alegría y risas. Te castigas pensando si podías haber hecho algo más, si una palabra, un abrazo o una mirada hubieran cambiado su decisión. Pero la verdad es que el dolor que él llevaba ...
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