Sé que no soy perfecta. No soy la clase de niña perfecta y que sigue las normas al pie de la letra. También has de saber que cometo muchos errores, que me caigo 3 veces si es necesario con la misma piedra porque lo necesito. Casi siempre consigo lo que me propongo. También tienes que saber que soy muy sensible, cuando discuto con alguien siempre acabo llorando. Necesito mis momentos de soledad. Soy terca y como en esta cabecita se meta algo, difícil será que lo consigas sacar. Me miro al espejo un día y no me gusto, no estoy a gusto con mi cuerpo porque soy muy exigente conmigo misma. Soy tímida. Tengo las ideas muy claras. Soy como un libro cerrado que no hay más que mirar la portada para saber de que trata. Soy la persona que te acompañará en todo y la que nunca, nunca, nunca jamás te fallará. Soy el felpudo en el que puedes sacudir toda la mierda que has pisado de tu alrededor, porque te escucharé y dejaré que hables y llores todo lo que lo necesites.
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
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