Mañana será otro día. Esta noche tengo que acostarme pronto porque mañana me levantaré de madrugada para reconstruir todo lo que hoy me he dedicado a destruir. Y sí, soy consciente, de que la autodestrucción lleva al odio más impuro que haya sentido jamás, pero es que hoy ya no he tenido fuerzas ni de levantarme, después tendría que hacer la cama y eso supondría mucho esfuerzo para un día como hoy. Porque hoy me desperté pensando que era viernes y cuando miré el calendario resultó ser lunes. Hoy me esperaba a mí misma con más fuerzas y las fuerzas se las ha llevado de repente la marea del mar que hoy no existe para mí. Tengo que ir a repostar para aguantar los kilómetros a ciento veinte por hora constantes, pagaré una millonada por un poquito de seguridad, y de dignidad, y así al final podré ver el mar. Yo creo que después de haber llegado donde viven los corales sin colores, se puede empezar a estar listo para llegar a la orilla y remover la arena para encontrar la solución sobre cómo empezar de nuevo a reconstruir todo lo que ayer me dediqué a romper a conciencia. Aunque ahora mismo seguiría jodiendo la ciudad entera, y no dejaría ni un rincón sin quemar… Porque hoy estoy que escupo fuego por la boca.
💫
Perder a tu mejor amigo es perder un pedazo de alma. No es solo alguien con quien compartías risas, secretos o días enteros de conversaciones sin fin. Es perder a esa persona que hacía que el mundo fuera más soportable, que convertía lo cotidiano en especial, que era capaz de arrancarte una sonrisa incluso en tus días más oscuros. Cuando tu persona favorita en el mundo se va, todo pierde color. La rutina se siente vacía, las horas se hacen eternas, y cada rincón guarda un recuerdo que duele tanto como consuela. Porque sí, recordar también duele. Es como tener una herida abierta que sangra cada vez que piensas en lo que ya no será. El suicidio deja preguntas que nunca tendrán respuesta. Te rompe por dentro imaginar cuánto tuvo que sufrir en silencio alguien que, por fuera, parecía lleno de vida, alegría y risas. Te castigas pensando si podías haber hecho algo más, si una palabra, un abrazo o una mirada hubieran cambiado su decisión. Pero la verdad es que el dolor que él llevaba ...
Comentarios