Yo lo que necesito es… Escapar de mí misma. Es como una intención perversa y desagradecida con todo lo que la suerte me está dando hasta ahora mismo. Prometo que me he cansado de ser todas las cosas que soy. No puedo con todas, supongo. Quizás debería centrarme en una y que en ella se me fuera la vida, como por ejemplo, cuando me da por dar paseos, sí… En esos momentos nada importa, estamos yo y el asfalto, y nos podemos tirar horas y horas juntos que no nos cansaríamos nunca. Pero a mí me puede esa sensación, de querer que el mundo deje de contar contigo durante unos días, y poder hacer lo que te dé la gana sin tener en cuenta si lo que haces es perverso, desagradecido, atrevido o ligeramente suicida de tu estado emocional aparentemente “equilibrado”. Equilibrio… A mí me hace gracia cuando la gente habla de encontrar el equilibrio en todo en general. Me río porque supongo que los que dicen eso, no saben lo que es estar perdido, centrarte únicamente en una cosa o pasar ligeramente de todo. El equilibrio es el secreto de vivir, sí… Pero yo apuesto por un equilibrio desequilibrado, por vivir lo que quiera en el momento que quiera y hacerlo sin medida, porque sólo así sabré cuál es el punto de inflexión perfecto de mi equilibrio ideal, y no me bastará una cantidad suficiente para salir del paso. Yo apuesto siempre por todo lo alto, es como un desafío constante con todo lo que hago. Con las personas, con la rutina, con el alcohol que introduzco en mi cuerpo cuando me da por hacerlo, con las horas seguidas que soy capaz de dormir, con el juego de mis ojos con los tuyos para que se dirijan a los míos y con mi grado de felicidad. Así que dicho esto, lo que me apetece ahora es meterme en la cama y escapar durante un rato de todo. Y sólo durante un rato. Porque cuando me despierte, necesitaré volver a ser todas las cosas que soy, aunque muchas me duelan, y otras no me dejen ni respirar. Es la única forma que tengo de casi encontrar el equilibrio, y de casi ser feliz.
💫
Perder a tu mejor amigo es perder un pedazo de alma. No es solo alguien con quien compartías risas, secretos o días enteros de conversaciones sin fin. Es perder a esa persona que hacía que el mundo fuera más soportable, que convertía lo cotidiano en especial, que era capaz de arrancarte una sonrisa incluso en tus días más oscuros. Cuando tu persona favorita en el mundo se va, todo pierde color. La rutina se siente vacía, las horas se hacen eternas, y cada rincón guarda un recuerdo que duele tanto como consuela. Porque sí, recordar también duele. Es como tener una herida abierta que sangra cada vez que piensas en lo que ya no será. El suicidio deja preguntas que nunca tendrán respuesta. Te rompe por dentro imaginar cuánto tuvo que sufrir en silencio alguien que, por fuera, parecía lleno de vida, alegría y risas. Te castigas pensando si podías haber hecho algo más, si una palabra, un abrazo o una mirada hubieran cambiado su decisión. Pero la verdad es que el dolor que él llevaba ...
Comentarios