Escapar. Escapar con las nubes a un mundo aparte donde no existan los problemas, donde no exista esta rutina que me asfixia. Me encantaría ir al aeropuerto y coger un billete de avión al otro lado del mundo, tardar varios días en llegar a un nuevo lugar y construir mi felicidad desde el primer ladrillo. Huir. ¿Es necesario huir? Sol. Sol. Sol. Sin duda, me gusta el sol. Me encanta sentir sus rallos sobre mi piel, me encanta no tener frio. Me encanta el color de mis ojos cuando él está presente. Y por un momento, puedo huir quedandome quieta. Aunque quizás sea solo por un día. Por un día puedo quedarme en mi lugar y hacer algo diferente y olvidar, y olvidarme de toda la mierda y sentirme fuerte y sentirme capaz y sobre todo... sentirme viva.
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
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