¿Qué te crees? ¿Que no lo sé? ¿Que no sé que algún día de estos voy a encontrarme contigo en cualquier parte y voy a tener que saber cómo reaccionar? Claro que he pensado en eso. Claro que he pensado en uno y mil encuentros nuestros. Y claro que he ensayado delante del espejo como no darme la vuelta cuando tú y yo nos encontremos frente a frente y me mires de esa manera en la que no quiero que me mires. Claro que he pensado en todo esto. Y ahora estoy segura de que en algún momento de mi vida nos tendremos que encontrar, porque el mundo tiene una facilidad acojonante para volverse jodidamente pequeño cuando estás huyendo de alguien. Y créeme. Estaré preparada. Cuando tú y yo nos volvamos a encontrar no me pillará de sorpresa. No me quedaré petrificada sin saber cómo reaccionar. Sabré. Sabré qué hacer y cómo hacerlo. Llevo toda mi vida esperando ese momento. Y cuando llegue, no pienso perder la oportunidad de decirte cuánto te he querido y cuánto te sigo queriendo.
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
Comentarios