Tiempo. Odio que se necesite tiempo para todo. Para darse cuenta de quién vale la pena, para cambiar las cosas, para empezar de cero. Tiempo para olvidar y también tiempo para sentir. Siempre el puto tiempo. Y odio equivocarme. ¿Por qué pocas veces acierto catalogando a las personas? ¿Por qué las cosas cambian y a nadie parece importarle? ¿Por qué a la mayoria de seres humanos les cuesta tan poco olvidar? ¿Por qué desearía tanto olvidar yo también? ¿Por qué estoy tan confusa? ¿Por qué me vienen a la cabeza tantas preguntas y no encuentro respuesta para ninguna? Ahora solamente me encantaría coger un avión al infinito, marcharme lejos, otra vida, otro país, otro idioma, otras costumbres, yo que sé. Donde todo parezca muy muy lejano. Donde nadie pueda encontrarme. Donde no haya mil lugares impregnados de recuerdos. A un lugar donde no exista la nostalgia. A un lugar que no existe pero que alguien invente para mi.
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
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