Las cosas se parten, y ya está. Puedes arreglarlas para que cuando vuelvan a partirse lo hagan más aún o dejarlas así. Hay un día, que te das cuenta de que cuando algo está roto es mejor dejarlo roto y buscar algo mejor o convertirlo en prescindible. Se parte algo, y sabes que eso ya dejará de estar en tu vida para que algo nuevo entre. O seguirá roto en alguna esquina de la habitación. De cualquier manera, las cosas rotas nunca vuelven a funcionar igual de bien. Y cuando una es imprescindible tienes un grave problema. Quieras o no, tienes que buscar una nueva. Aunque no sepas si funcionará ni siquiera la mitad de bien que la antigua y rota.
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
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