Olvidar no es tan fácil como parece. A veces crees que has pasado página pero sin embargo, vuelves una y otra vez atras. Tiemblas y decides que es mejor no hacerlo y seguir adelante. Pero lo cierto es que te da miedo, te da miedo recordar todo aquello que te hacía feliz, admitir que no supiste sacarlo adelante o que quizás tenías demasiado miedo como para arriesgarte. Siempre que "eliges" amar a alguien, le entregas el poder para destruirte. Quitarselo supone no arriesgarte a sufrir pero tampoco concederte el placer de sentir felicidad. Eres libre de decidir si merece la pena arriesgarse, pero lo que es cierto es que si no lo intentas, nunca saldrá bien. Lo cierto es que si dejas que la cabeza gane la batalla, es posible que el corazón se separe de ella. Por eso surge la contradicción: nuestro cerebro se empeña en seguir adelante, en construir una vida nueva y no recuerda nada de lo que dejó, pero nuestro corazón es mucho más débil, le cuesta reconstruirse, le resulta imposible borrar nada de lo que en él fue grabado, sigue pensando en lo que podría haber sido, sigue echando de menos y sigue sintiendo, ¿podría haber hecho algo más?
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Perder a tu mejor amigo es perder un pedazo de alma. No es solo alguien con quien compartías risas, secretos o días enteros de conversaciones sin fin. Es perder a esa persona que hacía que el mundo fuera más soportable, que convertía lo cotidiano en especial, que era capaz de arrancarte una sonrisa incluso en tus días más oscuros. Cuando tu persona favorita en el mundo se va, todo pierde color. La rutina se siente vacía, las horas se hacen eternas, y cada rincón guarda un recuerdo que duele tanto como consuela. Porque sí, recordar también duele. Es como tener una herida abierta que sangra cada vez que piensas en lo que ya no será. El suicidio deja preguntas que nunca tendrán respuesta. Te rompe por dentro imaginar cuánto tuvo que sufrir en silencio alguien que, por fuera, parecía lleno de vida, alegría y risas. Te castigas pensando si podías haber hecho algo más, si una palabra, un abrazo o una mirada hubieran cambiado su decisión. Pero la verdad es que el dolor que él llevaba ...
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