Que la vida puede llenarse de colores sin motivo. Un día cualquiera puedes recuperar esas ganas de vivir que perdiste cuando el mundo se te empezó a caer encima, y aunque aun hoy te siga aplastando, tú vuelves a tener fuerzas para levantarlo y convivir con ese dolor. Porque la vida merece la pena, aunque a veces parezca que no. Porque las sonrisas es lo que más cuesta conseguir en esta vida, y yo, las tengo. Y no necesito nada más. Que ya me da igual que todo este mal, porque yo, estoy aquí. Y me toca vivir.
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
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