Que la vida puede llenarse de colores sin motivo. Un día cualquiera puedes recuperar esas ganas de vivir que perdiste cuando el mundo se te empezó a caer encima, y aunque aun hoy te siga aplastando, tú vuelves a tener fuerzas para levantarlo y convivir con ese dolor. Porque la vida merece la pena, aunque a veces parezca que no. Porque las sonrisas es lo que más cuesta conseguir en esta vida, y yo, las tengo. Y no necesito nada más. Que ya me da igual que todo este mal, porque yo, estoy aquí. Y me toca vivir.
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Perder a tu mejor amigo es perder un pedazo de alma. No es solo alguien con quien compartías risas, secretos o días enteros de conversaciones sin fin. Es perder a esa persona que hacía que el mundo fuera más soportable, que convertía lo cotidiano en especial, que era capaz de arrancarte una sonrisa incluso en tus días más oscuros. Cuando tu persona favorita en el mundo se va, todo pierde color. La rutina se siente vacía, las horas se hacen eternas, y cada rincón guarda un recuerdo que duele tanto como consuela. Porque sí, recordar también duele. Es como tener una herida abierta que sangra cada vez que piensas en lo que ya no será. El suicidio deja preguntas que nunca tendrán respuesta. Te rompe por dentro imaginar cuánto tuvo que sufrir en silencio alguien que, por fuera, parecía lleno de vida, alegría y risas. Te castigas pensando si podías haber hecho algo más, si una palabra, un abrazo o una mirada hubieran cambiado su decisión. Pero la verdad es que el dolor que él llevaba ...
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