Cada vez que decimos un: no puedo más, qué mal me va, qué mala suerte tengo, lo voy a mandar todo a tomar por culo, quiero desaparecer… Y variantes… Deberíamos tener un látigo que nos pegase en toda la boca cada vez que alguna de esas palabras salgan de nuestra boca. Porque no es justo, ni de lejos, autocompadecernos siempre de lo mal que lo pasamos, la mayoría de las veces por chorradas, o porque las cosas no salen como a nosotros nos gustaría, cuando sabemos a ciencia cierta que hay cosas que no dependen de nosotros, y que en cualquier momento, nos puede pasar cualquier cosa, y no sólo a nosotros, si no a los que nos rodean, que nos hagan cambiar la mentalidad pero a base de bien. Parece mentira que tengan que pasar estas cosas, para saber valorar, para saber dónde están nuestros límites, para saber que todos y cada uno de nosotros tenemos posibilidades a punto de explotar, para saber que la vida es lo único que tenemos, y que hay que cuidarla, porque al fin y al cabo, ha sido la única oportunidad que hemos cogido cuando debimos hacerlo. No somos nada, ni nadie. Así que, por favor, dejemos de hacer el gilipollas con la gente, dejemos de malmeter, de odiar, de soltar mierda por la boca que no pensamos, empecemos a vivir nuestras vidas y a cuidarlas y dedicarnos a eso, vamos a querernos, joder, que esto no es para siempre, y las oportunidades, tampoco lo son. Hay que atreverse.
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
Comentarios