Mi mente a veces es una grabadora de lugares inventados, llenos de luz, sin paredes que entorpezcan la imaginación, tacto, tocarte, tócame, se me escapa una lágrima y tu suspiras aliviado por tenerme a tu lado. Las horas se hacen tan cortas, volviéndose incluso pasado, pero no porque estamos en el aquí y ahora, los dos, con las paredes manchadas de música y las cortinas y su trasluz de un día a la sombra del mundo, sin ojos que nos vean. Letras en chino que hablan de conexión, de música, tu música, mi música y de equilibrio, ese tan ansiado que solo conseguían las historias de cuentos como los que me gusta inventarme cuando no tengo sueño y me gusta ver tus párpados cayendo y quiero que me sigas haciendo caso porque no quiero perderme en mis sueños. Sonrisas, como los dibujos pegados a los altavoces rodeados de discos, llenos de mensajes que hablan de un mundo mejor, lleno de amor, y de desamor, aquel por el que todos hemos pasado, desilucionados de nuestra vida sin suerte. Y me enseñas y yo aprendo, y no me quiero levantar porque soy así de egoísta pero como dice la canción, no te enfadas, porque eres menos egoísta y más listo que yo.
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Perder a tu mejor amigo es perder un pedazo de alma. No es solo alguien con quien compartías risas, secretos o días enteros de conversaciones sin fin. Es perder a esa persona que hacía que el mundo fuera más soportable, que convertía lo cotidiano en especial, que era capaz de arrancarte una sonrisa incluso en tus días más oscuros. Cuando tu persona favorita en el mundo se va, todo pierde color. La rutina se siente vacía, las horas se hacen eternas, y cada rincón guarda un recuerdo que duele tanto como consuela. Porque sí, recordar también duele. Es como tener una herida abierta que sangra cada vez que piensas en lo que ya no será. El suicidio deja preguntas que nunca tendrán respuesta. Te rompe por dentro imaginar cuánto tuvo que sufrir en silencio alguien que, por fuera, parecía lleno de vida, alegría y risas. Te castigas pensando si podías haber hecho algo más, si una palabra, un abrazo o una mirada hubieran cambiado su decisión. Pero la verdad es que el dolor que él llevaba ...
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