No paro de decirme lo mismo, que deje de leer las páginas pasadas de mi vida. Que viva el día a día que es lo que realmente es importante.
Pero aunque yo ya no base mis miedos en el pasado, es inevitable que eche la vista hacia atrás. Asomando la cabeza en lo que alguna vez sentí, lo que alguna vez de una manera u otra fui.
Y no es que me duela porque sí, solamente creo que no lo comprendo del todo y por eso me duele. La frustración es uno de los peores venenos para mi.
Y es lo que siento ahora mismo: frustración.
Estoy al borde de un abismo del que me pienso tirar. Que ya es hora.
Y no pienso hablar de heridas, ni cicatrices, ni nada por el estilo. Porque estoy cansada de toda esa mierda. Porque no es más que una soga que se ata a mi cuello apretando cuando quiero saltar.
Y aunque yo no quiera saltar, me empujan.
¿En serio?
Esta es la historia de la más breve de mis relaciones, pero también de la que terminó, al menos para mí, de manera más confusa. Ya había tenido problemas anteriormente a causa de mi bisexualidad con algunos de los chicos con los que había estado. Lo que no podía imaginarme era que quien llegaría a dejarme por ello sería una chica, la primera y última chica con la que he llegado a tener una relación de pareja. Debo decir que creo que no fue el único motivo por el que decidió no continuar conmigo. Nos habíamos conocido por internet, teníamos una relación a distancia y las cosas no eran fáciles. No nos podíamos permitir vernos tan a menudo como nos hubiera gustado, pues vivíamos a casi tres horas en coche. Ninguna de las dos contaba con vehículo propio y ella vivía en un pueblo al que llegaban pocos autobuses. Pero no sé, podría haber alegado otro motivo para cortar conmigo que el de mi orientación sexual. Me cayó bien, empecé a seguirla y ella a mí y a raíz de eso empezamos ...
Comentarios