Quiero a alguien que cuando me emborrache me lleve a casa en brazos.
Que me rompa las medias con la boca y luego me compre otras y que me haga el amor contra la pared y luego se meta conmigo en la bañera... Que saque la espada y me defienda de víboras y demonios.
Alguien que no se enfade si no me entiende, que me saque la lengua cuando me ponga tonta y me calle la boca con un beso.
Quiero que no de por hecho que siempre voy a estar ahí pero que tampoco lo dude, que no me haga sufrir porque sí pero que tampoco me venda amor eterno.
Deseo alguien que no pueda caminar conmigo por la calle sin cogerme de la mano, que no le guste verme llorar y me haga reír hasta cuando no tengo ganas.
Que me mire y haga que me tiemblen las piernas como el primer día, alguien que esté loco por mi, y no se le olvide decírmelo los días de resaca.
Alguien que si se pone animal, sea solo en la cama, y me mate a besos por la mañana.
Que no se acostumbre a mi y que si mira a otra, luego me guiñe un ojo, y se ría de mis celos.
... y sobretodo, quiero alguien que no tenga que perderme para darse cuenta de que me ha encontrado.
¿Serás tú ese alguien o tendré que darte un azote emocional?
💫
Perder a tu mejor amigo es perder un pedazo de alma. No es solo alguien con quien compartías risas, secretos o días enteros de conversaciones sin fin. Es perder a esa persona que hacía que el mundo fuera más soportable, que convertía lo cotidiano en especial, que era capaz de arrancarte una sonrisa incluso en tus días más oscuros. Cuando tu persona favorita en el mundo se va, todo pierde color. La rutina se siente vacía, las horas se hacen eternas, y cada rincón guarda un recuerdo que duele tanto como consuela. Porque sí, recordar también duele. Es como tener una herida abierta que sangra cada vez que piensas en lo que ya no será. El suicidio deja preguntas que nunca tendrán respuesta. Te rompe por dentro imaginar cuánto tuvo que sufrir en silencio alguien que, por fuera, parecía lleno de vida, alegría y risas. Te castigas pensando si podías haber hecho algo más, si una palabra, un abrazo o una mirada hubieran cambiado su decisión. Pero la verdad es que el dolor que él llevaba ...
Comentarios