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Mostrando entradas de julio, 2010
Tu pasado amargo, mi constante deambular, tu tranquilidad, mi ansiedad de no sé qué, tu cuerpo, tu mirar, mi falta de voluntad, orgullo, dignidad, sinceridad, daño gratuito. Sin mirar atrás pero sin ganas de olvidar; mucho corazón, falta de dirección. En la soledad utopías para perder. Me acompañará la imaginación. Tu desconfiar, y mi espacio por ganar, tu fidelidad y mis ganas de probar. Tu eterna indecisión y mi "déjate llevar". Tu insatisfacción. Mi decepción. Nuestro fracaso...
Me gusta leer. Ver películas en mi casa los domingos y comer palomitas. Reír, adoro reír. Estar con mi familia. Hacer feliz a alguien. Mis amigas. El queso. Las sandalias y los bolsos. Me encanta celebrar los cumpleaños de los demás, las sopresas. Quedarme dormida escuchando a alguien respirar. Caminar de la mano de alguien. Estar en casa. Amar. Disfruto con la primera sandía del verano. Me gusta cuando digo algo simultáneamente con otra persona. Sentir un olor familiar. La sensación que obtengo cuando una idea funciona. Me gusta fumar, sobre todo después de comer. Sentir las sábanas limpias. Me encantan los paisajes especiales. Recordar viejas historias con la familia o amigos. Recibir un cumplido inesperado. Tener un ataque de risa. Encontrar dinero en los bolsillos de la ropa. Hacer que alguien sonría.

Soñar, adoro soñar, creo que nací soñando. Me encantan los abrazos. Las conversaciones sobre cosas pequeñas, pero importantes. Me encanta la dulzura de los momentos en l…

Lo que quedó demi

A veces los humanos nos cegamos. Nos volvemos unos completos estúpidos y creemos cosas que en una situación normal no creeríamos ni hartos de vino. Me refiero a cuando sabemos que no llamará, pero nos quedamos enganchados del teléfono por si acaso suena. Mientras repetimos "no va a llamar, no va a llamar" y nos vamos autoconvenciendo, y nos llevamos el teléfono al cuarto de baño, a la cocina, al salón, a la terraza... Incluso sé de personas que se han quedado en casa por esperar a que el teléfono sonara. Me pregunto qué parte de mí se ha quedado en esa estúpida historia telefónica. Lo que sí sé, lo que sí sé con certeza es la parte de mí que ha sobrevivido a que el teléfono no sonara. Y es una parte estupenda. Es la parte que se queda en casa leyendo mientras yo salgo de fiesta. La parte que me recuerda cuando estoy en el baño que voy lo suficientemente borracha como para empezar a dejar de articular palabras sin ton ni son. Ha sobrevivido la parte de mí que nun…
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Que vivo el dia a dia y no el mañana de ayer...