domingo, 28 de abril de 2013

Quizá esta capulla ya esté huérfana de pétalos.

Quizá exigí demasiado a los que busqué,
o quizá buscaba en ellos lo que no encontraba en mí.

jueves, 4 de abril de 2013

Uno siempre sabe cuando te quieren o cuando no y sobre todo que intenciones tiene la gente que te rodea.
Nadie nos engaña, excepto nosotros mismos...




Y cuando te das cuenta, te haces fuerte.
Esta mañana me he enterado de que realmente dejaste esta ciudad y te fuiste en busca de tus sueños. Siempre temí que esos sueños no te iban a dejar nunca ser mío, ni de nadie. Me hubiera gustado verte una última vez, poder mirarte a los ojos y decirte cosas que no sé contarle a una carta. Nada salió como lo habíamos planeado. Te conozco demasiado y sé que no me escribirás, que ni siquiera me enviarás tu dirección, que querrás ser otro. Sé que crees que te odiaré por no haber estado aquí como me prometiste. Que creerás que me fallaste. Que no tuviste valor.
¿Qué mentiras te contaron? ¿Qué te dijeron de mi? ¿Por qué les creíste?
Ahora ya sé que te he perdido, que lo he perdido todo. Y aun así no puedo dejar que te vayas para siempre y me olvides sin que sepas que no te guardo rencor, que yo lo sabía desde el principio, que sabía que te iba a perder y que tú nunca ibas a ver en mí lo que yo en ti. Quiero que sepas que te quise desde el primer día y que te sigo queriendo, ahora más que nunca, aunque te pese.
Mientras escribo, te imagino en aquel tren, cargado de sueños y con el alma rota de traición huyendo de todos nosotros y de ti mismo.
No deseo nada más en el mundo que seas feliz, que todo a lo que aspiras se haga realidad y que, aunque me olvides con el tiempo, algún día llegues a comprender lo mucho que te quise.
Siempre.