martes, 31 de marzo de 2009

Otra mirada...

Qué fácil resulta hablar sobre otras personas. A menudo yo lo hago, y ni siquiera me doy cuenta. Es algo automático. Referirme constantemente a las vidas de otras personas en cualquier conversación me permite desviar la mirada hacia errores que no cometí, decisiones que no tomé, caminos que no escogí. Me olvido de mi, a consta de los demás. Pero... ¿hasta qué punto es verda? ¿Compensa realmente criticar otras vidas para no tener que mirar la mía? Quizá no, quizá sí. A mí me ha funcionado hasta ahora, aunque eso no implica que vaya a seguir funcionándome.


**
Me he presentado a un concurso de relatos, el primer concurso de escritura al que me presento. No sé si ganaré porque, sinceramente, no sé qué tipo de escritores se presentarán. Igual, me siento muy satisfecha con el resultado, anoche escribí hasta las una y media de la madrugada y a partir de ahora pienso tomarme mis palabras más en serio.

lunes, 23 de marzo de 2009

Ya era hora...

Estos días, la primavera está estallando en mil y un pedazos.
El buen tiempo, tiene música, y tiene olor, sabor, y tacto. Suena a Jarabe de Palo, huele casi a verano, a calor, a piscina en medio de la ciudad, sabe a cerveza en una terraza al lado de la catedral y es suave como tu piel.
Después de un invierno frío, en el que casi se nos desgastan a todos las ganas de ver el sol de primavera renacer, no hace falta que diga que ahora las cosas parecen estar mejor. Y no es porque haya llegado él y me haya traído toda la luz del mundo (que también…), no es porque los de siempre me demuestren una y otra vez que me quieren, no es que las cosas vayan saliendo bien, aunque a veces, sea a trompicones. Es que al fin me he encontrado. He tardado en volver a encontrarme lo que tarda la tierra en dar una vuelta al sol. Estaba ya cansada de intentar serlo todo, porque al final acabas siendo NADA, estaba cansada de intentar demostrar lo que soy en un intento fallido de cierto reconocimiento por parte de aquellos que siempre acaban haciendo daño de una forma o de otra, estaba cansada de aguantar tonterías de personas que no saben continuamente si beber whisky o vodka. Me cansé, y exploté, y una vez que llegas al fondo y la cabeza empieza a ir más deprisa y parece que todo tu mundo se te va a venir encima en cualquier momento, se me anticipó la primavera. Como cuando los lilos empiezan a florecer antes de tiempo, como cuando el argumento se empieza a escuchar antes de la primera tirada de aquel libro o como cuando hacía bueno en pleno mes de febrero. Ahora la sangre quema, la sonrisa aprieta y entre tanto esos besos me llevan hasta el cosmos y de allí no vuelvo hasta bien pasado un buen rato. Tu cuerpo es mi fuente de energía cuando los temporales azotan mi ánimo. Y tus palabras rozan todos mis sentidos. Pero todo eso se quedaría en nada si no me demostrases una vez tras otra que lleva siendo primavera desde hace tiempo y que ahora, sin duda, todo está mejor que antes, con diferencia, para los dos

domingo, 15 de marzo de 2009

Es el momento...

Las personas tenemos una capacidad acojonante para acostumbrarnos a lo que un día tuvimos y ya, por un motivo u otro, no tenemos. Es como si estuviesemos destinadas a convivir con el dolor, como si lo lleváramos en los genes, y no importa cuantas personas de nuestro alrededor emigren (al cielo o a otro lugar terrestre) para no volver, porque lo superas.
Es algo así como cuando a una madre se le muere su hija predilecta, única. Al principio duele muchísimo, casi que se le encoge el corazón y le cuesta respirar. Es un dolor interno, bestial. ¿Recuerdas que alguna vez te cortaste con un papel en el dedo? Fue un dolor rápido pero intenso. Dio como grima. Pues tiene que ser algo así, pero directo al corazón. Como un papel bien afilado cortando constantemente el corazón a la izquierda. Luego se acostumbra a vivir con el dolor. Es como si la vida hubiera cambiado a su hija por un saco lleno de dolor asfixiante. Entonces comprende que sigue respirando, y que tiene que seguir haciéndolo. No es que duela menos, es que se ha acostumbrado a vivir así. Ahora le cuesta recordar la vida antes de perder a su hija, o mejor dicho, su vida antes de tener ese dolor interno y constante. Y un día, de repente, se rie. Y justo cuando se da cuenta de que está sonriendo, su rostro se vuelve pálido, como si hubiera visto un fantasma, y esa minúscula risa le hace sentir culpable. Pero tras esas sonrisas, se esconden otras muchas futuras. Y así cada día. Y el dolor duele un poco menos cuando te acostumbras. Aprendes a vivir de otra manera. Como cuando en gimnasia te obligaban a dar vueltas al campo, y tú sentías que no podías, que te asfixiarias. Pero tenías que hacerlo. Y lo hacías. Y cuando ya apenas quedaban vueltas, casi que te habías acostumbrado. Pues es lo mismo. No sé. Hoy de vuelta a casa pensé en eso. No creo que el dolor sea medible. Las madres se equivocan cuando dicen que nada duele más que perder a un hijo. Cada cual percibe el dolor de una manera distinta, obvio que no soy madre, obvio que no experimenté esa sensación. Más sí creo estar en lo cierto, se puede convivir con el dolor, se puede superar una pérdida, y dos, y tres. Estamos aquí para vivir, y estamos aquí porque queremos seguir aquí. No sabemos si cuando vas al cielo hay una gran mesa en la que celebrar que ya estás allí arriba, ni si hay tiendas donde comprar zapatos invisibles bonitos. No sabemos absolutamente nada. Y no nos interesa. ¿Y saben por qué? PORQUE ESTAMOS VIVOS. Y eso es todo cuanto sabemos.
Lo que quiero decirles es que no planifiquen cosas para dentro de un par de años. Quizá estén muertos. Quizá estemos muertos todos. Hagan las cosas aquí y ahora. Jamás se excusen afirmando que no es el momento. ¿Cuándo es el momento? ¿Cuando le atropelle un coche y se encuentre en coma, o quizá cuando le entre un cáncer terminal y todos hagan apuestas por cuánto durará su vida? Estamos vivos. Y sí. Quizá ahora preferiríamos estar en Londres, de vacaciones. Sin hacer absolutamente nada y cobrando una fortuna. O quizá nos encantaría estar en un prado verde rodeados de vacas y cabritas. Pero estamos aquí. Ahora es el momento. Quizá mañana sea tarde, quizá dentro de unas horas ya sea tarde. Si quieres hacer algo, no lo digas, sólo hazlo.

lunes, 9 de marzo de 2009

En esta primavera anticipada…

No dejes nunca de hacerlo.

No dejes nunca de mirarme así, de verme y ponerte nervioso, de tocarme el pelo, de respirar en mi cuello, de cogerme las manos y acariciarme cada poro, y después volver a mirarme, y buscar una sonrisa por encima de todo, de tratarme como si fuese de cristal, de hacerme cosquillas, de decirme todas esas cosas que me dices y hacer que no sepa dónde meterme de la vergüenza. No dejes de hacer como si nos conocemos desde siempre. No dejes nunca de intentar que me crea que existes, que existimos, los dos. No dejes nunca de decirme que te gusta oler a mí. No dejes nunca de decirme que no fume, no dejes nunca de besarme mientras me fumo “el último”. No dejes nunca de contarme cosas, de bailar a lo cutre. No dejes nunca de abrazarme como si fuese el último abrazo. No dejes nunca de besarme como si se te va la vida en ello. Y no dejes nunca de decirme al oído que hemos tenido suerte. Claro que la hemos tenido. MUCHA, MUCHA, MUCHA…

domingo, 1 de marzo de 2009

Detener el tiempo

Es como si te comieses un helado de chocolate entero a grandes cucharadas y luego no engordase. Se detiene el tiempo, la cabeza deja de dar vueltas, el corazón bombea la sangre cada vez más y más rápido y sientes que eres capaz de explotar en cualquier momento, en cualquier lugar, da igual. Dejas de ser y estar en este mundo de locos durante el tiempo que quieras, dejas de estar en esa calle, en esta ciudad, dejas de escuchar los coches, dejas de pensar en la gente… Dejas de existir. Y se detiene el tiempo, y el mundo deja de dar vueltas. La mejor parte sin duda es cuando vuelves al mundo real y compruebas que la realidad a veces es mucho mejor que las películas de las que te habían hablado en las que los protagonistas se hacen putadas y al final acaban juntos. Porque esos ojos nunca te han hecho daño. Entonces confías en el ser humano, a veces podemos ser geniales. Y sonríes, sonríes, porque es lo único que te apetece hacer, sonreír, y hablar, y contarle a todo el mundo que eres feliz, que últimamente visitan a esta ciudad días de sol y de una temperatura agradable, y que parece que todo está en su sitio, donde debe estar, sin caos mental, sin frío en las venas, sin putadas, sin daños colaterales, sin accidentes, con la cabeza bien puesta, con mil planes en las yemas de las dedos… y contigo al lado.




- Ojalá se detuviese el tiempo, y nos escapamos por ahí, lejos, a la playa, o donde sea, con el coche…
- Ya, pero imagínate que se detiene estando en el curro, ¡vaya putada!
- Bueno, mejor que se detenga… Aquí. Y ahora. Ahora, ahora, ahora…

Y el tiempo se detuvo. Y el mundo se detiene muchas veces últimamente. Qué bonito es dejar de existir cada vez que se quiere.