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Mostrando entradas de marzo, 2009

Otra mirada...

Qué fácil resulta hablar sobre otras personas. A menudo yo lo hago, y ni siquiera me doy cuenta. Es algo automático. Referirme constantemente a las vidas de otras personas en cualquier conversación me permite desviar la mirada hacia errores que no cometí, decisiones que no tomé, caminos que no escogí. Me olvido de mi, a consta de los demás. Pero... ¿hasta qué punto es verda? ¿Compensa realmente criticar otras vidas para no tener que mirar la mía? Quizá no, quizá sí. A mí me ha funcionado hasta ahora, aunque eso no implica que vaya a seguir funcionándome.


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Me he presentado a un concurso de relatos, el primer concurso de escritura al que me presento. No sé si ganaré porque, sinceramente, no sé qué tipo de escritores se presentarán. Igual, me siento muy satisfecha con el resultado, anoche escribí hasta las una y media de la madrugada y a partir de ahora pienso tomarme mis palabras más en serio.

Ya era hora...

Estos días, la primavera está estallando en mil y un pedazos.
El buen tiempo, tiene música, y tiene olor, sabor, y tacto. Suena a Jarabe de Palo, huele casi a verano, a calor, a piscina en medio de la ciudad, sabe a cerveza en una terraza al lado de la catedral y es suave como tu piel.
Después de un invierno frío, en el que casi se nos desgastan a todos las ganas de ver el sol de primavera renacer, no hace falta que diga que ahora las cosas parecen estar mejor. Y no es porque haya llegado él y me haya traído toda la luz del mundo (que también…), no es porque los de siempre me demuestren una y otra vez que me quieren, no es que las cosas vayan saliendo bien, aunque a veces, sea a trompicones. Es que al fin me he encontrado. He tardado en volver a encontrarme lo que tarda la tierra en dar una vuelta al sol. Estaba ya cansada de intentar serlo todo, porque al final acabas siendo NADA, estaba cansada de intentar demostrar lo que soy en un intento fallido de cierto reconocimiento por parte d…

Es el momento...

Las personas tenemos una capacidad acojonante para acostumbrarnos a lo que un día tuvimos y ya, por un motivo u otro, no tenemos. Es como si estuviesemos destinadas a convivir con el dolor, como si lo lleváramos en los genes, y no importa cuantas personas de nuestro alrededor emigren (al cielo o a otro lugar terrestre) para no volver, porque lo superas.
Es algo así como cuando a una madre se le muere su hija predilecta, única. Al principio duele muchísimo, casi que se le encoge el corazón y le cuesta respirar. Es un dolor interno, bestial. ¿Recuerdas que alguna vez te cortaste con un papel en el dedo? Fue un dolor rápido pero intenso. Dio como grima. Pues tiene que ser algo así, pero directo al corazón. Como un papel bien afilado cortando constantemente el corazón a la izquierda. Luego se acostumbra a vivir con el dolor. Es como si la vida hubiera cambiado a su hija por un saco lleno de dolor asfixiante. Entonces comprende que sigue respirando, y que tiene que seguir haciéndolo. No es …

En esta primavera anticipada…

No dejes nunca de hacerlo.

No dejes nunca de mirarme así, de verme y ponerte nervioso, de tocarme el pelo, de respirar en mi cuello, de cogerme las manos y acariciarme cada poro, y después volver a mirarme, y buscar una sonrisa por encima de todo, de tratarme como si fuese de cristal, de hacerme cosquillas, de decirme todas esas cosas que me dices y hacer que no sepa dónde meterme de la vergüenza. No dejes de hacer como si nos conocemos desde siempre. No dejes nunca de intentar que me crea que existes, que existimos, los dos. No dejes nunca de decirme que te gusta oler a mí. No dejes nunca de decirme que no fume, no dejes nunca de besarme mientras me fumo “el último”. No dejes nunca de contarme cosas, de bailar a lo cutre. No dejes nunca de abrazarme como si fuese el último abrazo. No dejes nunca de besarme como si se te va la vida en ello. Y no dejes nunca de decirme al oído que hemos tenido suerte. Claro que la hemos tenido. MUCHA, MUCHA, MUCHA…

Detener el tiempo

Es como si te comieses un helado de chocolate entero a grandes cucharadas y luego no engordase. Se detiene el tiempo, la cabeza deja de dar vueltas, el corazón bombea la sangre cada vez más y más rápido y sientes que eres capaz de explotar en cualquier momento, en cualquier lugar, da igual. Dejas de ser y estar en este mundo de locos durante el tiempo que quieras, dejas de estar en esa calle, en esta ciudad, dejas de escuchar los coches, dejas de pensar en la gente… Dejas de existir. Y se detiene el tiempo, y el mundo deja de dar vueltas. La mejor parte sin duda es cuando vuelves al mundo real y compruebas que la realidad a veces es mucho mejor que las películas de las que te habían hablado en las que los protagonistas se hacen putadas y al final acaban juntos. Porque esos ojos nunca te han hecho daño. Entonces confías en el ser humano, a veces podemos ser geniales. Y sonríes, sonríes, porque es lo único que te apetece hacer, sonreír, y hablar, y contarle a todo el mundo que eres feli…