domingo, 1 de marzo de 2009

Detener el tiempo

Es como si te comieses un helado de chocolate entero a grandes cucharadas y luego no engordase. Se detiene el tiempo, la cabeza deja de dar vueltas, el corazón bombea la sangre cada vez más y más rápido y sientes que eres capaz de explotar en cualquier momento, en cualquier lugar, da igual. Dejas de ser y estar en este mundo de locos durante el tiempo que quieras, dejas de estar en esa calle, en esta ciudad, dejas de escuchar los coches, dejas de pensar en la gente… Dejas de existir. Y se detiene el tiempo, y el mundo deja de dar vueltas. La mejor parte sin duda es cuando vuelves al mundo real y compruebas que la realidad a veces es mucho mejor que las películas de las que te habían hablado en las que los protagonistas se hacen putadas y al final acaban juntos. Porque esos ojos nunca te han hecho daño. Entonces confías en el ser humano, a veces podemos ser geniales. Y sonríes, sonríes, porque es lo único que te apetece hacer, sonreír, y hablar, y contarle a todo el mundo que eres feliz, que últimamente visitan a esta ciudad días de sol y de una temperatura agradable, y que parece que todo está en su sitio, donde debe estar, sin caos mental, sin frío en las venas, sin putadas, sin daños colaterales, sin accidentes, con la cabeza bien puesta, con mil planes en las yemas de las dedos… y contigo al lado.




- Ojalá se detuviese el tiempo, y nos escapamos por ahí, lejos, a la playa, o donde sea, con el coche…
- Ya, pero imagínate que se detiene estando en el curro, ¡vaya putada!
- Bueno, mejor que se detenga… Aquí. Y ahora. Ahora, ahora, ahora…

Y el tiempo se detuvo. Y el mundo se detiene muchas veces últimamente. Qué bonito es dejar de existir cada vez que se quiere.

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