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Mostrando entradas de 2017

Y que cada uno haga lo que quiera

Es difícil ponerse en el lugar de las personas. Nadie entiende a nadie, aunque digamos que sí. Y además nos dedicamos a emitir juicios de valor de la gente sin pararnos a entenderles lo más mínimo. “Qué exagerado”. “Qué egoísta”. “Qué radical”. “Qué calzonazos”. "¿Has visto lo que ha escrito? qué fuerte". No tenemos ni la más mínima idea de cómo son los demás, porque ni siquiera sabemos cómo somos nosotros mismos.

 Ni nos hemos parado a pensarlo, y mucho menos a reconocerlo. Nos precipitamos a criticar a los demás, sin más, basándonos en nuestro umbral de exigencia, creyéndolo perfecto. Pensando que tenemos razón por comparar a alguien con nosotros mismos, sin pararnos a pensar en las circunstancias de un determinado momento, sin ni siquiera conocer las circunstancias de los demás

 El ser humano es así de simple y cateto. A veces logramos tener un poco de humildad y entendimiento, pero la mayoría sucumbimos a nuestra condición de jueces de la realidad de los demás. “Qué quejic…

Haciendo equilibrio

A veces me alimento de mis propias convicciones.  Supongo que no hay nada de malo en ello. Lo raro es cuando me doy cuenta de que nada es lo que parece ser. Ni siquiera yo misma. Asustándome la soledad y obcecándome en el miedo de que todos estamos condenados a ella, camino por encima de su leve sentido y disimulo. Retándome a seguir guardando el equilibrio sin caerme, levantándome cada una de las veces que flojeo, maquillo el absurdo caos al que me enfrento y me pinto los labios naranjas. Y sigo tocando idealista con la punta de los dedos las nubes, mientras ando real por el suelo responsable y observo…A veces hablo, a veces callo, sin remedio, haciendo equilibrio entre la vida y lo que creo que es la vida, entre la amistad y lo que creo que es la amistad, entre la autoestima que tengo a veces y la que no tengo otras veces, entre la visión de “x” y la mía, entre lo que me han hecho creer y lo que de verdad es, entre lo que publico y lo que no, entre mis pensamientos y todo lo demás. E…

Porque a veces valen más..

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Yo creía que el amor se resumía en las veces en las que tu pareja te soltaba “te quiero”, pero con la edad he aprendido que hay actos que pasan desapercibidos y no deberían, básicamente porque son declaraciones de amor diarias que dicen más que el TE QUIERO más rosa y grande del mundo. Porque amigos, como diría mi santa madre, las palabras se las lleva el viento pero los actos quedan ahí muy a tope. Cosas que dicen más que un te quiero:
– Que se ponga la alarma para darte el medicamento de madrugada. – Que por muy separados que durmáis, sentís la necesidad de tener contacto físico, aunque sea con el dedo meñique del pie. – Que te mire con ojos de amor aunque estés enferma y en pijama. – Que te tape cuando ve que te falta manta para que no pases frío. – Que se preocupe por caerle mejor a tu gata que a tus amigos. – Que te dé el último algo de comida. La última palomita, la última patata, el último trozo de pizza… – Que se tome la molestia en buscar info de ese grupo que tanto te gusta…

Lo que aprendí

De adolescente escribir era mi mejor amigo, los cuadernos soportaban todo lo que les dijera y no me juzgaban si no pensaban igual. Así que viví toda la secundaria pegada a uno, escribía continuamente, todo lo que pasaba y sin pensar mucho, sin filtrar emociones ni nada, era joven e inocente. Bueno, quizá era joven y odiaba la raza humana. Guardé aquellos diarios, llenos de incomprensión, historias dramáticas, cotilleos de segunda y dibujos en los bordes que recordaba mucho peores.
Un día me puse a leerlo, ¿y sabéis lo que os digo? Si tú también escribiste un diario, ¡ponte a leer!No hay nada mejor que leer la historia de tu vida contada por ti misma, de verdad. Es divertida y triste a la vez. Recuerdas cosas que llevaban en el trastero de tu cerebro desde que pasaron. Joder, qué gilipollas era.Probablemente estés pensando esto constantemente. Porque es verdad. Nada mejor que leer tu diario de adolescente para confirmar que sí, que eras idiota y que la mitad de las cosas que tú considerab…

Peneblock

A ver, yo tengo Instagram desde hace menos de dos años (lo sé, estoy atrasada, pero mira es lo que hay). Y al principio no me pasaba tanto, pero a la vez que va aumentando el número de seguidores va aumentando el número de fotos de pililas que me llegan por mensaje privado, estamos a una media de cinco  por semana. Más o menos. Yo creía que para ligar ya habían suficientes apps pero se ve que no,  y ahora se liga también por Instagram, pero es que YO NO QUIERO LIGAR CON NADIE. ¿Qué hago? Me mato, ¿Me lo tatúo en la frente?, es que me pone HISTÉRICA. Aunque tampoco tengo claro que  el envío de foto de pene sea para ligar, no sé si es en plan exhibicionista, de “Ahí te dejo mi miembro,  lo miras y yo ya estoy contento”, o si es en plan, “Espero que me contestes”. Porque yo no entiendo que puede llevar a un hombre a enviarle una foto así a una mujer con la que no ha mediado palabra y no conoce. Por lo tanto no sé cuál es la respuesta que esperan. “Muchas gracias por tu pene me ha alegra…

Mecánica del corazón

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No me voy a hacer experta en conocer las poleas y engranajes de corazones. Pero me he propuesto aprender poco a poco cómo va funcionando mi máquina y la tuya. Conocer los diferentes ritmos. Saber cuándo tus piezas se ajustan, averiguar cuándo tus engranajes necesitan más mimo para funcionar bien o si las poleas funcionan mejor con risas y confidencias. Hagámonos mecánicos del corazón. A ritmos diferentes pero cercanos. Pongamos piezas nuevas y rescatemos las olvidadas. Venimos sin manual de instrucciones, la mecánica del amor es imposible de aprender. Pero déjame ver cómo las poleas empiezan a moverse más rápido cuando me acerco a ti. Nota cómo giran mis engranajes cuando me besas.

Cosas que no es obligatorio que tengas a los 30 años

Nos han vendido la moto desde pequeñas de que, a partir de cierta edad, lo normal es estar casada, tener hijos, una hipoteca y una vida perfectamente organizada. Entre mis amigas de 30 a 40 años tengo de todo: casadas con hijos, solteras con hipoteca, divorciadas con hijos, emparejadas que no se plantean pasar por el altar, solteras que viven de alquiler, casadas que no tienen intención de tener hijos, opositoras que aún no han abandonado el nido… Unas son más felices que otras, pero no siempre es por ‘tenerlo todo’… Por suerte hemos llegado a un punto en el que hemos dejado (o estamos intentando dejar) de criticarnos unas a otras por lo que tenemos o dejamos de tener, y es que, todo aquello que parecía obligatorio tener a los 30 y que muchas no tenemos, ha resultado no ser algo tan indispensable. Porque hay muchas cosas que no es necesario que tengas a los 30: Pareja: novio, marido, pareja de hecho, llámalo X. Si muchas de nuestras abuelas levantaran la cabeza se escandalizarían con e…

Vivir. Avanzar. Tropezar. Aprender. Seguir adelante. Querer. Soñar. Sentir. Reír. Volar. Atreverse.

Pasan los años y nos hacemos mayores. Aprendemos a vivir, a querernos, a luchar, a levantarnos cuando nos caemos. Aprendemos a entender quiénes somos, quiénes queremos ser. Aprendemos a querernos y a caminar hacia lo que nos hace felices. Tropezar, caer, levantarse. Tropezar, caer, levantarse. Tropezar, caer, levantarse.Vivir.
Avanzar en la vida viene a veces acompañado de lazos. Lazos que nos unen a personas, a vivencias, a sentimientos, a lugares. Nos atamos, voluntaria o involuntariamente a elementos que vamos encontrando por nuestro camino hasta que, al final, se vuelven imprescindibles. A veces, sin querer, entre esos lazos se cuelan algunos que nos unen a cosas tóxicas. A piedras que no nos dejan avanzar. A elementos que nos rodean y que damos por supuesto sin pararnos a pensar que podrían estar haciéndonos daño, frenándonos en nuestro camino. Atreverse no implica necesariamente vivir saltando al vacío, ni dejarlo todo cada vez que no sabemos cómo enfrentarnos a nuestros problem…

Cuando no había...

Me voy a poner un poco en plan Abuela Cebolleta, pero lo cierto es que recuerdo, no sin cierta añoranza, aquellos tiempos en los que nos despertábamos con el móvil apagado y no lo encendíamos hasta bien entrada la mañana. No había redes sociales, no había notificaciones que leer, si acaso un sms de ‘Buenas noches preciosa’ que te habían enviado cuando ya te habías ido a la cama y por el que el chico en cuestión había pagado 0,15 céntimos. Eso era amor y no los besos con corazón del whatsapp…

Notitas de amor en papel entre compañeros de clase, una llamada perdida cuando salía algo en la tele que te recordaba a él, cintas de casette con vuestras canciones. Ir a recogerte a la puerta de casa, usar el telefonillo para decir ‘Ya estoy aquí, baja’, saberse de memoria el teléfono fijo de tu novio y tus mejores amigas y llamar, hablar, mantener conversaciones importantes durante horas, o hacer una llamada rápida para quedar y hablar las cosas en persona. Los ‘Te quiero’ en persona valían mucho…

¿Y si..?

El otro día me di cuenta. El otro día caí. No lo sabía, pero me había ido fabricando una montaña de miedos, de inseguridades, de complejos, de autoengaños. Estaban colocados uno sobre otro y yo estaba sentada una silla encima de esa incómoda cima. Ahí pasaba los días, pensando que esa vista, que ese lugar, era lo normal y donde yo tenía que estar. La empecé a construir hace años. Nació siendo una colina pequeña y ha ido creciendo y creciendo hasta casi convertirse en una gran montaña. Doy gracias por haber resbalado ahora antes de que esa montaña se hubiese convertido en un ochomil, la caída habría sido muchísimo peor. La caída del otro día fue inesperada. Un descuido tonto, una carga de más, una acumulación más, un golpe en el pecho más y caí. Caí ladera abajo, golpeándome con la esquina de algún miedo y complejo, haciéndome rasguños con pena y agobio afilado, raspándome la piel con silencios guardados y carga acumulada. Pero ahora estoy algo mejor. Lamiéndome las heridas y acolchán…

También soy imbécil

Nos empeñamos en poner nuestros corazones en manos de otros, con la esperanza de que lo cuiden y haciendo que nuestra felicidad y bienestar dependan de ello. He necesitado muchísimos años en una relación tóxica, y otra buena temporada sola para darme cuenta de que la vida pasa muy deprisa y yo seguía estancada, mirándola pasar. También he pasado por la típica etapa en la que intentas buscar en las redes sociales y todo ese tipo de aplicaciones para conocer gente, alguien que consiga volver a encender la chispa, que consiga "pegar" esos trozos que se han roto o perdido por el camino, o llenar un vacío para sentirte mejor. Y no funcionó. Acabé más rota aún. Descubrí la frialdad con la que algunas personas pueden llegar a tratarte, y como te acabas dando cuenta de que la mayoría va buscando personas por catálogo. Como si de la búsqueda del traje para la boda de tu amigo se tratase. Solo les importa ver suficientes fotos para despues seguir hablándote, o no hacerlo. Da igual el…

Si, soy una intensa

Lo confieso: soy una intensa. Ya está, ya lo he dicho. Ya he salido del armario de la intensidad.

Soy una intensa, pero mucho. Lloro con las películas tristes, con las felices y hasta en los musicales, cuando cantan alguna lenta.  También hago mucha una cosa, y es que cuando me gusta alguien, me ilusiono muy rápidamente y me paso todo el día soñando despierta. Si me sale bien, vivo la relación muy intensamente y cuando no, vivo la pérdida con la misma intensidad. No puedo evitarlo, siempre he sido una intensa. Y cuando me llamo a mí misma “intensa” no lo hago para dar una imagen de superioridad intelectual de mi misma, ni mucho menos. No quiero que me imaginéis redactando este post mientras me fumo un cigarro tumbada en la cama con un libro de Dostoyévski reposando casualmente sobre mi mesilla. Además, eso solo pasa en las películas y en las historias de Instagram de treintañeros desesperados por ligar. Que sea una intensa, tampoco significa que no sepa relativizar o dar la importanci…