Y que cada uno haga lo que quiera

Es difícil ponerse en el lugar de las personas. Nadie entiende a nadie, aunque digamos que sí. Y además nos dedicamos a emitir juicios de valor de la gente sin pararnos a entenderles lo más mínimo. “Qué exagerado”. “Qué egoísta”. “Qué radical”. “Qué calzonazos”. "¿Has visto lo que ha escrito? qué fuerte". No tenemos ni la más mínima idea de cómo son los demás, porque ni siquiera sabemos cómo somos nosotros mismos.

 Ni nos hemos parado a pensarlo, y mucho menos a reconocerlo. Nos precipitamos a criticar a los demás, sin más, basándonos en nuestro umbral de exigencia, creyéndolo perfecto. Pensando que tenemos razón por comparar a alguien con nosotros mismos, sin pararnos a pensar en las circunstancias de un determinado momento, sin ni siquiera conocer las circunstancias de los demás

 El ser humano es así de simple y cateto. A veces logramos tener un poco de humildad y entendimiento, pero la mayoría sucumbimos a nuestra condición de jueces de la realidad de los demás. “Qué quejica”. “Qué pasota”. “Qué antipático”. “Qué exigente”. “Qué cabrón”. “Qué agobiado”, “qué desastre”. "¿Has visto las fotos que ha puesto?". A lo mejor no está siendo ni tan exagerado, ni tan egoísta, ni tan radical, ni tan calzonazos, ni tan exigente. A lo mejor no tenemos ni idea de cómo es realmente,  de cómo se está sintiendo, de lo que le está pasando o de lo que le pasó.

 Y jamás lo sabremos. Puede que si es tan celoso sea porque en su pasado alguien le ha hecho mucho daño. Puede que si está triste es porque le pasa algo que para él es importante, aunque para nosotros no lo sea, ¿y nosotros qué sabemos? Lo que tenemos que hacer es callarnos de vez en cuando. Callarnos de una vez y dejar de tener ideas preconcebidas de las personas y de sus acciones. Dejar de ser tan bocazas.

Comentarios

Correcaminos162 ha dicho que…
A saber porque cada uno es como es, yo soy yo y mis circunstancias leí una vez

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