lunes, 31 de agosto de 2009

Cada día que pasa quedo más convencida de que he nacido para algunas cosas, y para otras no. Lo normal sería decir que una persona ha nacido para ser médico, pintor, profesor… para ser madre, o padre (para esto sólo nacen unos cuantos). Pero yo digo, bien orgullosa, que si yo he nacido para algo, ha sido para querer.
A mí me gusta querer, estar rodeada de la gente que quiero, sentirme querida, necesitada, involucrada en la vida de los demás, dejarme llevar cuando salen mil planes, y cuando no también.
Pero sobre todo, y cada día lo voy teniendo más claro (considerando que el hecho de llamarme de esta forma y no de aquella no me hace tener casi nunca las ideas CLARAS), he llegado a la conclusión, de que si yo ese día nací para algo, fue para conocer que el mundo tiene una infinidad de colores según la luz del día, o de la noche. Que los atardeceres pueden ser melancólicos o románticos depende de con quién lo hagas. Que la comida es un placer pero que hay placeres más intensos aún. Que la lluvia de vez en cuando ayuda a hacer más llevadero el calor, y otras veces desayuda.
Y después, tengo claro que si he nacido para algo es para que me levantes cuando caigo. Para llorar tranquila en tu hombro como si fuese una reacción más, da igual, y después sonreírte con lágrimas en la cara, y que me las quites a besos como si fuese tu única preocupación en la vida.
Para ver obras de arte en tus ojos y disfrutar como una enana de tu risa que me roza, ay, sí, me roza.
Para dormir tranquila sabiendo que estás abrazándome y que nada me puede pasar estando en ese rincón del mundo.
Para besar tu piel con sabor a mar y después tus labios una y otra vez, una y otra vez, y no cansarme nunca.
Para quererte, y que me quieras, y que todo sea fácil, para que hagamos que todo sea fácil mientras la vida avanza tan rápido, y sentir por dentro que todo es estático, placentero, dinámico y demasiado enloquecido. Para sentir tanto y creer que mueres de tantísimo placer.
Para ser humana
No pienso desaparecer. ¿Y sabes por qué? Porque en la autopista todo va rápido, cuando quieres incorporarte a una nueva carretera es difícil que el de atrás no te sobrepase. Y yo ahora me he cansado de no pisar el acelerador. Antes hasta los ciclomotores me pisaban por encima. El otro día decidí dejar de llorar, no, esta vez, NO. Soy su princesa, y serlo me da fuerzas. Para todo, menos para dormir sola. Cuando miro por el espejo retrovisor le veo a él. Y no soy ninguna santa, claro que no. Al menos, me he cansado de serlo. La gente elige qué coche deciden tener, por qué carretera ir y a qué lado mirar. Y yo, que respeto los destinos de los demás, también he elegido el mío. Esta vez no voy a ser esa niña buena y tonta que se calla en el andén. Y aunque vea cómo me quedo sola en medio de la puta carretera, en medio de esa puta carretera, aunque tenga que fumarme mil cigarrillos, seré fuerte, y aunque me caigan mil rayos encima lograré llegar al final del túnel. Porque hay adelantamientos que duelen demasiado.
Yo con mi bici me conformo. Que muy lejos no llegaré. Pero es que yo tengo todo lo bueno aquí al ladito. Y tengo a mi pedacito de pan aquí al ladito…
Imagino que ahora el viento sopla contra mi favor y que las circunstancias obligan a encontrarse con la verdad de frente, cuando no queda otra alternativa posible a la afirmación de la misma sin elección.

Es como cuando ves morir a un mosquito por sobrecalentamiento al acercarse una y otra vez a una bombilla que lleva encendida ya dos horas. Se quema y aún así lo sigue haciendo. Hasta que acaba por dejarse llevar por la gravedad y muere en el suelo hecho casi cenizas.
Yo soy ese mosquito, y la tendencia hacia la luz eran mis ganas de afianzar algo que ni siquiera existía. Una invención del destino. Un zurdo escribiendo con la derecha y creó esta historia que acaba con esta tormenta que aún está empezando.
Y aunque duela escuchar todos los truenos, y soportar todos los rayos que me están cayendo encima, sé que siempre alguien me estará cogiendo con fuerza la mano para que no me deje llevar por la gravedad.
Soportar el peso de algo que no tiene nada que ver contigo es demasiado injusto. Los juicios morales rápidos también son demasiado injustos. Y derrochar ira y odio a mansalva también es demasiado injusto. Arrasar de raíz con todas las flores de la primavera es también injusto.
El juego consiste en crearte una máscara y salir con ella a pasear mientras puedas.
Pues no estoy dispuesta… No me ha gustado nunca disfrazarme.

Este mosquito ya no puede ir más veces hacia la luz, o va a morir por cortocircuito en el sistema defensivo

viernes, 7 de agosto de 2009

Equilibrista.

Es muy fácil acostumbrarse a estar acompañado en momentos de soledad. Es muy fácil acostumbrarse a dormir de esa forma. O a no dormir. Porque en noches como esa, dormir era simplemente una pérdida de tiempo más. Como cuando pierdes el autobús y tienes que esperar media hora en la parada a que venga el siguiente. Acabo echando siempre a andar porque estar quieta no sirve de nada. Demasiado tiempo perdido en el pasado. Ahora vivir a tope la suerte que estoy teniendo es sólo cuestión de gratitud hacia la vida, hacia las personas, hacia este solecito de verano, hacia los buenos planes y hacia esas cosas que sentimos tú y yo dentro y que se nos escapan hacia fuera en forma de cualquier tipo de demostración de las sensaciones que nos hacen presos.
El otro día me di cuenta de que si te pasaba algo sería capaz de aguantar todo tipo de maltrato con tal de volver a ver tus ojos verdes otra vez.
Y fui feliz. Porque me demostraste al instante que soportarías lo mismo por mí.
El caso es que me haces todo más fácil. Incluso las sumas, las restas, las ecuaciones, se me hacen más fáciles si mientras tanto acaricias mi cuello con las yemas de tus manos. Todo es fácil si me miras, si me dices esas cosas, si me desafías con la lengua o si consigues que me ponga de tu parte cuando creía estar en contra. Todo eso consigues tú. Nadie había conseguido antes desequilibrar mis principios. Quizás es que ahora estén realmente equilibrados.

Realidades.

A veces pienso que este mundo no está hecho para personas como tú y como yo, bueno, como tantos.
Aunque algunas personas se queden cortas midiendo suspiros porque no les merece la pena vivirlos por motivos absurdos, ya que de lo absurdo de este mundo es intentar no sentir, sin embargo, otras damos la vida por sentir y por tener suspiros de esos al rojo vivo en cualquier sitio y en cualquier momento del día.
Hay gente que parece que tienen pereza de vivir, otros, intentan vivir demasiado rápido y de lo rápido que quieren sentirlo todo acaban por autodestruir sus principios, sus ideales y sus propios sentimientos, otros, tienen un continuo miedo a caer porque no saben que algunas veces para subir a lo más alto es necesario caer antes, otros, no sienten directamente porque a veces se me olvida que hay gente que no tiene alma, que no tiene corazón, y otros, otros vivimos, sentimos, reímos, suspiramos, nos enamoramos, caemos, nos volvemos a enamorar, somos felices, superamos miedos y nos exponemos pese a todo a volver a caer. Lo bonito es que mientras se es feliz, la posibilidad de caer se ve tan lejana que te crees inmune a la epidemia de caer en la puta realidad.
Y la puta realidad es que la gente se muere, que la gente pasa hambre, que la gente mata, que la gente es violada, maltratada, aniquilada. Es que la gente pierde a sus hijos en cualquier guerra por los intereses corruptos de su gobierno, es que la gente no se mira al espejo cuando critican, es que la gente se droga, es que la gente sigue su camino sin preocuparse de si deja atrás a otros, o de si está fallando o no al de al lado.
Y yo hay días que no puedo con todo esto. De vez en cuando caigo en la cuenta de que la vida es dura, de que la realidad se nos escapa con creces de las manos, de que la gente no intenta ser feliz y que otros simplemente no tienen la oportunidad de serlo.

Y justo cuando más necesitaba escuchar tu voz, el teléfono empezaba a sonar, y eras tú, con tu voz, con tus buenas noches y con tus planes para mañana, haciendo como si no hubiese pasado nada, haciendo como si todo va bien. PROTEGIÉNDOME.


Ha sido un milagro. De esos que existen cuando el orden no mira hacia arriba.