viernes, 7 de agosto de 2009

Equilibrista.

Es muy fácil acostumbrarse a estar acompañado en momentos de soledad. Es muy fácil acostumbrarse a dormir de esa forma. O a no dormir. Porque en noches como esa, dormir era simplemente una pérdida de tiempo más. Como cuando pierdes el autobús y tienes que esperar media hora en la parada a que venga el siguiente. Acabo echando siempre a andar porque estar quieta no sirve de nada. Demasiado tiempo perdido en el pasado. Ahora vivir a tope la suerte que estoy teniendo es sólo cuestión de gratitud hacia la vida, hacia las personas, hacia este solecito de verano, hacia los buenos planes y hacia esas cosas que sentimos tú y yo dentro y que se nos escapan hacia fuera en forma de cualquier tipo de demostración de las sensaciones que nos hacen presos.
El otro día me di cuenta de que si te pasaba algo sería capaz de aguantar todo tipo de maltrato con tal de volver a ver tus ojos verdes otra vez.
Y fui feliz. Porque me demostraste al instante que soportarías lo mismo por mí.
El caso es que me haces todo más fácil. Incluso las sumas, las restas, las ecuaciones, se me hacen más fáciles si mientras tanto acaricias mi cuello con las yemas de tus manos. Todo es fácil si me miras, si me dices esas cosas, si me desafías con la lengua o si consigues que me ponga de tu parte cuando creía estar en contra. Todo eso consigues tú. Nadie había conseguido antes desequilibrar mis principios. Quizás es que ahora estén realmente equilibrados.

1 comentario:

Jose Manuel dijo...

sabes ke siempre sera
TU + YO = AMOR