sábado, 28 de noviembre de 2015

Gracias

Tengo que reconocer que los últimos meses de mi vida no han sido ni de lejos los mejores. Esto es así, es un hecho. Pero también tengo que reconocer que no han sido los peores. Al menos esto es lo bueno. Que ya sé ver la balanza. Ya está la luz encendida. Ya le he hecho caso a un buen amigo y he abierto las ventanas de la habitación en la que yo misma me encerré. ¿ Y ahora qué eh? ¿ Ahora qué vas a hacer con tu vida Ara? Pues lo primerito de todo, ahora que me encuentro un poquito mejor, quiero empezar dándole las gracias a muchas cosas.

1. Gracias los problemas que vinieron de golpe, sin previo aviso: De verdad, si tuvieseis en vuestra mano la posibilidad de saber que algo malo os va a ocurrir mañana ¿ desearíais saberlo?. Después de todo yo tengo más claro aun que no. Que de nada sirve vivir angustiado pensando en que algo malo va a sucedernos. Todo lo malo que últimamente ha pasado me ha demostrado que de lo malo algo bueno se saca y que a esos empujones que nos tumban en la vida, después de levantarnos, aun llenos de rasguños, y llorando por lo mucho que nos duelen, incluso algunas  heridas del alma que no sangran, hay que mirarlos y agradecerles lo que nos han hecho crecer, y creer, que pese a todo, somos unos afortunados.

2. A todas las personas que han estado ahí: Pues sí, suena a tópico pero ya lo decía Risto el otro día, llama a tu madre y dile que la quieres. Y eso hazlo con todos los que tu consideres. A tu madre, a tu padre,a tus herman@s. a esa amiga que has tenido medio abandonada, a los que te han mandado mensajes a los que has tardado días en contestar. Pídeles perdón por haber estado ausente. No ha sido queriendo. Te encerraste, te enfadaste con el mundo, porque a veces es jodidamente cruel, pero oye, que te quieren y te entienden, y estarán ahí, como te han demostrado hasta ahora, para un paseo, unacoca cola a media tarde , un café a primera hora de la mañana después de una noche sin dormir, o si lo necesitas, una noche de juerga en nombre de algún capullo.

3. Gracias a los que no estuvisteis a mi lado cuando más os necesitaba: Esta sin duda ha sido la etapa de descubrir que tenía en mi agenda 100 personas con las que salir de marcha pero a penas 1 con las que sentarme a hablar, hablar y solo hablar. ¿ Triste?. No, simplemente, la vida. Y claro, que yo a mis 30, tengo mucho que aprender. Que hay amigos y amigos. Amigos pa un caña y amigos para toda la vida, de esos, muy pocos. Y por supuesto gracias a los que ni habéis dado señales. Me habéis dejado un hueco enorme. Pero mucha memoria en el teléfono, memoria que llenar con fotos de mil sitios a los que ahora, en mi diario de cosas que quiero hacer, conoceré. Mención aparte a esa gente que pese a llevar meses, incluso años sin hablarnos por los desamores de la vida, estuvo ahí. Ya lo decía la canción ¨en la vida hay personas hay gente con clase y clases de gente¨. Tu siempre serás de los primeros. Pese a todo.

4. Gracias a ti, amor, mi amor. Amor en general, ponedle el nombre que queráis,el mío ya me lleva hacia el norte de mis días. Me ha colocado en el lugar que quiero estar , donde ansiaba, después de tanto chubasco sin sentido, que calaba hasta los huesos, sentirme, por fin, como en casa. Gracias por vivir esta etapa agarrando la manoesa mano que a veces tiembla, que otras se agota, que otras desiste y que tu coges, y al oído le dices ¨mueve el culo, que tu puedes con esto y más, campeona¨.

5. Gracias a la cara b de la vida. A la bonita. Joder porque hay millones de cosas que no cuestan dinero , que están a nuestro alrededor y que solo valoramos el día que la vida nos da un guantazo. Es así. La muerte de algún ser querido, la enfermedad, una gran preocupación. Todos son problemas que algún día a TODOS nos sucederán y para los que nunca nadie nos prepara. Ese día no se de qué forma ni muy bien porqué a tu lado comienzas a ver que existen más razones de las que crees por las que ser feliz. Ese rato para ti sola antes de dormir en el que solías escribir, esos libros que vas a terminar de leer, los paseos, visitar a canciones que necesitan conversación, el curso de maquillaje que siempre quisiste hacer, adoptar mas perros, llenar tu casa de plantas que cuidas y florecen, cuidarte tu , florecer tu… . 

Por último y no menos importante date las gracias a ti misma, porque tener un problema y buscarle solución es el primer paso para superarlo. Pedir ayuda es maravilloso. GRACIAS a ti por haber querido salir del agujero en el que por las razones que fuesen caíste. Aun te queda mucho camino que andar, vas a sudar, llorar, vendrán días donde no te apetezca nada salir de la cama y ponerte en marcha. Días en los que a mitad de la jornada algo se parte y todo se tuerza. No desistas, no miras atrás. Antes dudaba sobre la idea de hacerme un tatuaje, ahora lo tengo claro: hacia delante, siempre.

La relación más difícil de mi vida: la de mis amigas

He tenido relaciones complejas con muchos hombres, pero a decir verdad, las relaciones más complejas de mi vida no han sido con mis novios, han sido con mis amigas. Simplemente porque por alguna razón esperas más de una amiga que de un hombre.  A veces, tenemos demasiado altas las expectativas en lo que a la amistad de refiere.
Creo que empezamos asumir que el amor no es ni debe ser perfecto, que hay momentos buenos y malos, rachas mejores y peores, discusiones y reconciliaciones,  que hay que aceptar al otro con sus imperfecciones, y sin embargo, en cuestión de amigos, tendemos a idealizar todo un poco más y no ser tan flexibles los unos con los otros. No asumimos que nuestras amigas, aunque nos quieran, tampoco son perfectas. Y es que nosotras tampoco lo somos.
Vemos constantemente en televisión como la amistad es ese clavo ardiendo a lo que agarrarse, como en un mundo “líquido”, en el que el trabajo o la pareja ya no son ideas estables, tus amigos deben ser aquello que permanece. ¿Pero realmente alguien no ha perdido nunca una amistad con el paso del tiempo?
Si cuando éramos más jóvenes podíamos dedicar horas a simplemente charlar en un parque, o estar tiradas en la cama, colgadas del teléfono, con el paso de los años, las cosas cambian. Parejas, trabajos, pisos, hijos, responsabilidades… Cada vez cuesta más reunirse, poner una fecha en el calendario para una quedada y que no te falte alguien, hacer un plan improvisado es una utopía…  Mucho más difícil si la vida, o la crisis, han llevado a parte del grupo a vivir a otra ciudad, o a otro país, y lo que te queda, son las noticias que llegan a través de los pitidos del grupo de chicas en el Whatsapp.
Conservar tus amistades se hace más difícil. Ya nada es lo que era, pero es en esos momentos en los que te das cuenta de cuáles son las personas que realmente merecen la pena. Cuando aprendes a diferenciar entre lo que han sido compañeros momentáneos, y entre lo que de verdad son amistades para toda la vida. Igual que hay parejas que van y viene, y otras que llegan para quedarse, si no para siempre, sí durante una larga estancia, puede que debamos entender que con nuestras amistades a veces pasa algo parecido.
A veces es la distancia, el cambio de una etapa como dejar el instituto o la universidad,  o simplemente el paso hace que la relación con esa persona se vaya simplemente diluyendo (aunque las redes sociales han sido muy buenas para evitar esto, y si se quiere, aunque de diferente manera, el contacto se puede seguir manteniendo). En otras ocasiones son despedidas sanas y necesarias. Sabemos que hay relaciones de pareja que son tóxicas, y de las que debemos alejarnos en seguida. Sin embargo nos cuesta mucho más decir “adiós” a una amistad dañina. Desde luego no sólo “los hombres” pueden perjudicar nuestra autoestima, o querer acaparar todo nuestro tiempo y espacio social. Con el tiempo te haces más sabia, y eso te permite aprender a diferenciar entre las que son tus amigas, y las que no.
Hay personas que entran en nuestra vida por un motivo, pero que también deberán salir por otro. Si existen los rollos pasajeros, hay que asumir que existen los amigos temporales. O que pese a haber compartido un largo tiempo con una persona, como un largo noviazgo, llega un punto en el que ambas habéis cambiado y ya no tenéis nada en común. A veces sin que exista un motivo, otras por simples malentendidos, debemos asumir que no todas las amistades nacen para durar, y que sin embargo disfrutamos o aprendemos de cada una de ellas.
Por eso, en cuestión de relaciones, el amor no se diferencia tanto de la amistad. Hay que saber distinguir a quien te valora, de quien no lo hace, quien está dispuesto a dar y no solo recibir. Quien te quiere y te acepta como eres sin que tengas que fingir o aparentar. Quien tiene paciencia y te comprende. Quien aunque esté lejos, se esfuerza por mantener el contacto y  quien aunque esté ocupado, saca tiempo para un simple mensaje de “cómo estás”. A veces cuesta verse, pero no “saberse”.
Por eso, puede que con los años no tenga tantos amigos, pero los tendre mejores.  Y será con esas personas con quien me merezca sacar tiempo de dónde no lo hay, con quien tirarte horas hablando por una llamada con una “urgencia sentimental”, y morirte de la risa frente a una copa de vino. Porque como en el amor, el haber tenido “amistades difíciles”, no quiere decir que no merezca darlo todo por esas amistades que realmente merecen la pena.

Decimos demasiados ‘te quiero’

Mi mejor amiga es muy fan de los “te quieros”, casi diría que es compulsivo. Al principio sólo se lo decía a sus más allegados, pero fue cayendo en una espiral en la que se lo dice a todo el mundo. Me llama 5 veces al día, me dice te quiero 10, va a la panadería y le dice te quiero al panadero. En el super las cajeras se sientes super incómodas felices cuando pasa ella. Se despide de todo el mundo al teléfono con uno (los de jazztel la llaman a la hora de la siesta para subirse la moral). Y yo, a día de hoy, sigo sin comprenderlo. Me incomoda mucho que personas casi desconocidas me digan eso, porque siento que desvalorizan restan valor a las palabras.

Lo peor es que este virus se extiende. Mis vecinas se dicen te quiero aunque no se soportan, les dicen te quiero a sus hijos y luego en casa, oigo como les gritan barbaridades. Mi facebook está lleno de gente que se dice te quiero cada cuarto de hora, y luego discuten cada 14 minutos. ¿Cómo puede pasar esto?




Mi teoría es que en una sociedad tan deshumanizada como la que tenemos ahora, necesitamos demostrar que apreciamos a los otros, quizás con palabras demasiado grandes, con demostraciones de afecto brutales que luego no se reflejan en nuestro comportamiento.

Yo no digo te quiero casi nunca. Mis padres no me lo dicen constantemente, y no hace falta. Yo sé que me quieren más que a nadie, y ellos saben que yo los quiero igual. No le digo te quiero a mi vecina del 4º, que me molesta a las 6 de la mañana con su cante jondo. No me sale, no puedo, aunque me lo diga a mí cuando nos despedimos. Un “te quiero” es muy grande, significa demasiado para mí. No puedo darle el mismo valor al panadero que a mis padres, mi novio o mi mejor amiga. No siento necesidad de demostrar con palabras vanas, si luego mis actos no las acompañan. Prefiero ayudar o estar ahí cuando se me necesita, a poner un “te quiero” en whatsapp y luego pasar de todo

Yo sé que ella siente esos “te quieros”, siente la necesidad de demostrar a las personas que las aprecia, es una persona magnífica y quiere hacer sentir mejor a los demás.
Sé que el mundo necesita más amor y menos odio, pero ¿no habría una forma mejor que compartir algo tan íntimo?


Ponerse a dieta es como aceptar esos papeles hollywoodienses, en los que te dicen que te los prepares con la ayuda de un psicólogo, porque puedes acabar majareta perdido. La dieta es igual. En mi caso, cuanto más en serio me la tomo, más locatis me vuelvo.  Si empiezo a ver resultados, se convierte en un reto tan personal, que de vez en cuando se me va la pinza y necesito que alguien me de un toque de atención (está bien tener un buen nutricionista, un formado psicólogo y a una sincera madre a tu alrededor). Afortunadamente, nunca he necesitado más que un “Arita hija, que pareces mongui” de mi sensata madre, para volver a la realidad y tomarme esta carrera de fondo con más calma y cabeza. Pero como la ambición por una salud de libro y un tipazo de infarto pueden más que cualquier cosa, nos pasan cosas como estas:


1. Tienes pesadillas con que te saltas la dieta.

Noche tras noche, te despiertas con el corazón encogido porque durante tu fase REM, has decidido zamparte un kilo de patatas fritas. Despertarte y recordar que  tu cena fue maravillosamente equilibrada, te hace sentir más feliz que cuando te levantas un sábado pensando que es lunes.

2. Conviertes el gimnasio en tu primer domicilio.

Has pasado de ir de incógnito a la elíptica, a darlo todo con “El cocodrilo ” de King Africa en la clase de Zumba. Por no hablar del: “Ya que he venido a Zumba, me quedo a Body Pump y ya si no me ha dado un jari, me quedo también a ciclo”. Por supuesto, el día en el que no puedes ir, no hay quien te aguante.

3. Sólo te interesa la ropa de deporte.

Antes te gastabas el sueldo en destrozarte los pies con sandalias imposibles y ahora, no hay quien te saque del rinconcito donde te estudian la pisada en la tienda de Asics.

4. Evitas por todos los medios tener vida social.

Tienes que tomar esa dura decisión de si quieres ser un gordo con amigos o un flaco más sólo que la una ( o con unos buenísimos y compresivos amigos, que vengan a tu casa a comer chips de calabacín y agua mineral). Porque admítelo y seamos realistas, la vida social y la dieta bien hecha, llevan enfrentadas desde el inicio de los tiempos.

5. Repites ochocientas mil veces lo que has comido en voz alta, para que los demás te den su aprobación y convencerte de que lo has hecho bien.

Sabes que no has cambiado ni una coma del menú milimétricamente cuadrado que te ha puesto tu nutricionista. Pero aun así, la inseguridad se apodera de tí y necesitas ir preguntando a diestro y siniestro, para que te confirmen (con cara de querer matarte) que sí, cansina. Que has hecho perfectamente la dieta.

6. Te acuestas pronto para que no te entre hambre.

En la vida dormirás tantas horas como cuando estás a dieta. Aquí no bebes para olvidar, duermes  para olvidar.

7. Nunca habías hecho tanto cálculo mental en tu vida.

Tus nuevos problemas matemáticos son: Si Aara ingiere 1000 calorías, pero quema 750 haciendo ciclo ¿Cuantás calorías le quedan?

8. Tu nuevo mejor amigo es tu pulsómetro.

No hay nada que motive tanto como estar llorando en Body Pump con las puñeteros abdominales cruzad0s (sí, esos en las que mueves también las piernas a riesgo de vomitarle al de al lado), mirar tu pulsómetro y ver una cifra de tres numeritos que sube a toda mecha. Así a una se demaya mucho más feliz al final de la clase, dónde va a parar.

9. El día que te comes un trozo más de lo que tocaba, te miras al espejo y te sientes infinitamente más gorda que hace 5 minutos.

Dicen que el cuerpo no engorda hasta días después de haber comido más de la cuenta, pero tú jurarías que en 5 minutos te ves la cara más gorda.

10. Te pasas el día diciendo: “El día de mi cheatmeal me voy a comer…”, para luego rajarte, comerte un mini plato de pasta con queso y sentirte una fracasada y por supuesto, no cenar.

Como ya dije, yo me hago hasta tableros en Pinterest con la comida que voy a preparar el día de mis días especiales. Todo un farol, porque luego no me atrevo as comerme ni un gramo más de lo habitual, y lo peor no es eso, es que si lo hago, me paso el resto del día amargada.

jueves, 26 de noviembre de 2015

“No podemos perdernos la vida por esperar algo que, además, es posible que nunca suceda”

Hay relaciones que parece que siempre vienen y van, que nunca llegan a romperse del todo ni tampoco a ser fuertes totalmente. Todos hemos tenido una pareja con la que el tira y afloja de romper y reconciliarse parecía prácticamente la esencia de esa historia de amor. El problema de esas relaciones es que están basadas muchas veces en la idea de esperar: que el otro cambie, que por fin se arregle un problema actual…
Hay personas que compran todas las semanas la lotería, pero no hacen planes por si les toca, simplemente tienen esa esperanza, esa ilusión. Esta es la diferencia entre tener esperanza y esperar. Cuando esperamos el bus nos quedamos quietos, sin hacer nada más que dejar que llegue para subirnos. La esperanza, en cambio, no nos impide vivir y continuar experimentando.Con el amor es igual, si estamos esperando a alguien dejamos de abrirnos a otras personas nuevas, a más emociones. En cambio, podemos tener la esperanza de que encontraremos a la persona adecuada, o que los problemas en una relación se arreglen sin necesidad de perdernos la vida por esperar algo que, además, es posible que nunca suceda.

Muchas veces cometemos el error de pensar que ahí fuera hay alguien que cumplirá todos nuestros anhelos y que realmente entenderá todos nuestros miedos, nuestra ilusiones y sueños. Esta forma de pensar nos lleva a estar constantemente con una mosca de duda revoloteando. Estas dudas se acentúan en momentos en que estamos más sensibles, más preocupados. La cuestión es que dudamos, estemos solos o con pareja. Si estamos con pareja, dudamos de si es la persona adecuada, y si estamos solteros, pensamos que quizá acabaremos así, o que a lo mejor deberíamos haber seguido con aquel ex o con esa otra persona.
La duda es normal y necesaria, porque nos hace recordar y reforzar lo que queremos, pero si dudamos demasiado tiempo, es hora de plantearse qué está pasando: si estamos esperando demasiado que la otra persona cambie y no la aceptamos tal y como es, o si estamos esperando demasiado tener una relación, y no aceptamos que estamos solteros ni podemos disfrutar de ello. Jamás deberíamos dejar nuestra felicidad en manos de lo que haga otra persona, porque estaremos condenados a esperar en vez de vivir. El amor no se puede esperar, solo se encuentra mientras uno vive la vida intensamente.
Hay personas que no tienen ni idea de cuanto me desordenan los pensamientos con solo aparecer...

Mi corazon no es hogar para cobardes...

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Cuando mas encogido se siente el corazon, mas apretado se necesita un abrazo.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Piscis

Eres un signo de agua así que, cuidadito cuidadito, la “sensiblería” esa a la que están acostumbrados se vuelve cabrona cuando te encienden, cuando te fallan o cuando te hacen daño deliberadamente. A pesar de que quieres que tu mente se quede en ese mundo de color de rosa que tanto te gusta, cuando bajas a la realidad de vez en cuando y te das cuenta de la maldad de algunas personas, lo bueno que podías llegar a ser se convierte en algo terrible, de verdad. No hay miramientos, no hay perdones que valgan y no olvidarás de la noche a la mañana. No te enfadas por tonterías, aunque sí puedas irritarte y tener algún episodio colérico de vez en cuando. El día que no perdonas y no olvidas es porque se han pasado pero bien, te la han jugado de tal manera que tu mente, por mucho que quiera sacárselo de la cabeza no puede. No siempre te vengarás pero sí te acabarás riendo cuando la vida, el karma o lo que quiera que sea se encargue de ello, sabes que tarde o temprano lo hará. Sabes que tarde o temprano todo se paga.

Lo que dice mi horoscopo...Parece hecho para mi..

En la vida, muchas cosas no salen según lo planeado y sinceramente las decepciones a estas alturas no son nada nuevo para ti, pero respira hondo, y si caes, vuelve levantarte, y si te tropiezas, vuelve a ganar equilibrio. Hace tiempo que dejaste de ser la persona que siempre habías sido con demasiada gente. Lo admites, demasiada mierda había ya encima como para que, además siguieras siendo el mismo con quien no se portaba bien. El problema es que muy a menudo eres demasiado bueno, y aunque tus arrebatos momentáneos puedan durar un tiempo, al final, se suavizan demasiado y por tu forma de ser vuelves a tratar igual de bien a los que juraste (en tu interior) no volver a dar ni la mitad de ti.
Si una vez quisiste construirte una “vida nueva” lejos de muchas cosas que te hacían daño fue por alguna razón Piscis, por mucho que quieras y por mucha fe que le pongas algunas personas no cambian y tarde o temprano vuelven a ser quienes eran, quienes siempre fueron, no vuelvas atrás de nuevo, ni siquiera con la mente porque, aunque eches de menos muchas veces algunas cosas que solían ser, también debes admitir y aceptar que las cosas han cambiado, que nada podrá ser cómo fue un día, que será diferente, para bien o para mal, será distinto. Prepárate para todo. Ahora, prepárate para cualquier cosa.