¿Empezar una dieta o morir en el intento?

Ponerse a dieta es como aceptar esos papeles hollywoodienses, en los que te dicen que te los prepares con la ayuda de un psicólogo, porque puedes acabar majareta perdido. La dieta es igual. En mi caso, cuanto más en serio me la tomo, más locatis me vuelvo.  Si empiezo a ver resultados, se convierte en un reto tan personal, que de vez en cuando se me va la pinza y necesito que alguien me de un toque de atención (está bien tener un buen nutricionista, un formado psicólogo y a una sincera madre a tu alrededor). Afortunadamente, nunca he necesitado más que un “Arita hija, que pareces mongui” de mi sensata madre, para volver a la realidad y tomarme esta carrera de fondo con más calma y cabeza. Pero como la ambición por una salud de libro y un tipazo de infarto pueden más que cualquier cosa, nos pasan cosas como estas:


1. Tienes pesadillas con que te saltas la dieta.

Noche tras noche, te despiertas con el corazón encogido porque durante tu fase REM, has decidido zamparte un kilo de patatas fritas. Despertarte y recordar que  tu cena fue maravillosamente equilibrada, te hace sentir más feliz que cuando te levantas un sábado pensando que es lunes.


2. Conviertes el gimnasio en tu primer domicilio.

Has pasado de ir de incógnito a la elíptica, a darlo todo con “El cocodrilo ” de King Africa en la clase de Zumba. Por no hablar del: “Ya que he venido a Zumba, me quedo a Body Pump y ya si no me ha dado un jari, me quedo también a ciclo”. Por supuesto, el día en el que no puedes ir, no hay quien te aguante.

3. Sólo te interesa la ropa de deporte.

Antes te gastabas el sueldo en destrozarte los pies con sandalias imposibles y ahora, no hay quien te saque del rinconcito donde te estudian la pisada en la tienda de Asics.

4. Evitas por todos los medios tener vida social.

Tienes que tomar esa dura decisión de si quieres ser un gordo con amigos o un flaco más sólo que la una ( o con unos buenísimos y compresivos amigos, que vengan a tu casa a comer chips de calabacín y agua mineral). Porque admítelo y seamos realistas, la vida social y la dieta bien hecha, llevan enfrentadas desde el inicio de los tiempos.

5. Repites ochocientas mil veces lo que has comido en voz alta, para que los demás te den su aprobación y convencerte de que lo has hecho bien.

Sabes que no has cambiado ni una coma del menú milimétricamente cuadrado que te ha puesto tu nutricionista. Pero aun así, la inseguridad se apodera de tí y necesitas ir preguntando a diestro y siniestro, para que te confirmen (con cara de querer matarte) que sí, cansina. Que has hecho perfectamente la dieta.

6. Te acuestas pronto para que no te entre hambre.

En la vida dormirás tantas horas como cuando estás a dieta. Aquí no bebes para olvidar, duermes  para olvidar.

7. Nunca habías hecho tanto cálculo mental en tu vida.

Tus nuevos problemas matemáticos son: Si Aara ingiere 1000 calorías, pero quema 750 haciendo ciclo ¿Cuantás calorías le quedan?

8. Tu nuevo mejor amigo es tu pulsómetro.

No hay nada que motive tanto como estar llorando en Body Pump con las puñeteros abdominales cruzad0s (sí, esos en las que mueves también las piernas a riesgo de vomitarle al de al lado), mirar tu pulsómetro y ver una cifra de tres numeritos que sube a toda mecha. Así a una se demaya mucho más feliz al final de la clase, dónde va a parar.

9. El día que te comes un trozo más de lo que tocaba, te miras al espejo y te sientes infinitamente más gorda que hace 5 minutos.

Dicen que el cuerpo no engorda hasta días después de haber comido más de la cuenta, pero tú jurarías que en 5 minutos te ves la cara más gorda.

10. Te pasas el día diciendo: “El día de mi cheatmeal me voy a comer…”, para luego rajarte, comerte un mini plato de pasta con queso y sentirte una fracasada y por supuesto, no cenar.

Como ya dije, yo me hago hasta tableros en Pinterest con la comida que voy a preparar el día de mis días especiales. Todo un farol, porque luego no me atrevo as comerme ni un gramo más de lo habitual, y lo peor no es eso, es que si lo hago, me paso el resto del día amargada.

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