miércoles, 12 de diciembre de 2012

No lo llamaría escapar. Sólo me alejo de la ciudad, de la que me mira y sabe quien soy, de toda esa gente que me reconoce y no me saluda, de esas personas que sólo se interesan en lo que tengo y no en mi compañía, me alejo de aquellos que me rompieron el corazón y también de los que me quitan vivacidad. No escapo, decido irme, por un tiempo, porque es mejor así. Me refugio en algún sitio en el que no tenga que pretender que todo está bien cuando no lo está, donde no tenga que huir de las paredes de ninguna habitación por esa sensación de que las mismas se van cerrando conmigo dentro, un lugar donde sólo salga a correr por placer y no porque necesite esquivar la cotidianidad y los problemas con los que tengo que lidiar. No quiero saber de mis responsabilidades como hija, ni las que debo tener como trabajadora o estudiante, ni tampoco como ciudadana. Sólo quiero irme, y pensar que este hueco que tengo en el centro de mi pecho, puede llenarse con nuevas historias que contar, con nuevas experiencias que transitar. Ya nada me retiene donde estoy, ni siquiera mi propia existencia. Dicen que cuando no tienes ninguna razón para quedarte en un lugar, existe una buena razón para irse. No importa donde. Me voy donde nadie me encuentre, donde me olvide de donde vengo y hasta quien soy. - Quisiera poner en palabras la forma en que me siento, pero últimamente encuentro eso bastante difícil. A veces me encuentro desconociendo el estado en el que estoy.

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