Ni caso.

Llegó un momento en que todo era confusión. Olía a fresas y a tu gel. Se veían nubes esponjosas que me invitaban a subir, para luego empujarme cielo abajo. Ignoraba tus palabras para inventarme las que yo quería oír. Me cogía en hombros quien no quería que me cogiera. Te odiaba a ratos. Te quería casi siempre. Te echaba de menos 25 horas al día.

Qué miedo tengo.....

*Sueña pequeña, sueña... que en tu mundo no hay engaños ni preocupaciones.

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