viernes, 2 de enero de 2009

El camino facil.

No tienes derecho, porque, mírales, ellos, todos, son felices. Mirarles y verles sonreír ya te debería hacer feliz. Eres todo lo que ellos son. Ni más, ni menos. Las leves intenciones pecaminosas de ser feliz te han hecho ya presa de esta ciudad, de este frío tan abrumador, del vaho que desprendes al respirar cuando sales del portal, de las risas sin ganas y de las mentiras a escondidas. Evitar el cansancio es lo único que ocupa tu tiempo. Estás cansada de esta ciudad, de aguantar la mirada por el qué dirán, de sentirte libre y no poder demostrarlo, de tener que andar siempre demostrando todo lo que alcanzas ser, y de no poder gritar en medio de la plaza mayor que no puedes más, que les tendrían que joder a todos si un día no te apetece hacer nada más que encerrarte y no sentir, no vivir, quedarte dormida día tras día hasta que encuentres el momento, ese momento de darle una bofetada a todo y sentir que tu rabia crea una fuerza extranatural capaz de vencer al sentimiento más poderoso. Mientes. Mientes porque es la única alternativa que te queda. Mentiras y más mentiras. Porque a veces mientes para autoprotegerte, porque la transparencia de ellos te abruma, va contra natura andar diciendo todo el rato la verdad, así que mientes para quitarle hierro al asunto y pensar que algún día podrás vivir de verdades, no como ahora. Y ahora, ahora se supone que no tienes nada. Demasiadas decepciones a lo largo de estos últimos 365 días han hecho que acabes creyendo en lo único que existe con certeza, que es el aliento que te dan los de siempre. Eres ellos y no lo puedes negar. No puedes mentir respecto a eso. Pero el cansancio de que todo siga igual, de que el egoísmo ya corra para siempre por tus venas como si de sangre se tratase, y el hecho de sangrar de vez en cuando hasta tal punto de quedarte fría, estática, sin movimiento… Hace que te replantees quién eres, a qué has venido aquí, si algún día alguien será capaz de matar miedos por ti y si podrás dejar de mentir algún día. Por ahora, optas por el camino fácil. Los próximos días serán fáciles, o al menos eso te has prometido. El camino fácil es no sentir, no intentar ser, ni demostrar nada. Vivir sin vivir. Hasta que sientas que llega ese momento. Y ese momento, seguro que estará dentro de alguno de esos 365 días, estás segura. ¿No?

No hay comentarios: