domingo, 9 de noviembre de 2014

Propósitos, promesas, juramentos, etc. Cada día, cada semana, cada mes y cada año nos hacemos decenas y decenas de estos. En ocasiones a nosotros mismos: “Voy a dejar de fumar”, “este año me apuntaré al gimnasio”, “voy a conseguir un trabajo mejor”, “voy a dejar de guardarme las cosas para mí”, “intentaré demostrar más mis sentimientos”… Otras veces, nuestras promesas implican a otras personas: “Prometo llamarte más a menudo”, “intentaré ir más a verte”, “a partir de mañana fregaré siempre mis platos”, “prometo amarte y respetartehasta que la muerte nos separe”…  Miles de pensamientos y palabras dichas que tan pronto como salen de nuestros labios se van, para no convertirse jamás en actos.
Cambiar siempre es duro. Da pereza, cuesta tiempo y también esfuerzo. Tanto, que muchas veces nos echamos para atrás, nos arrepentimos y olvidamos todas esas cosas que dijimos que haríamos. A veces simplemente lo posponemos. “No lo hago hoy, ya si eso mañana. Total, no estoy tan mal”. Otras veces, simplemente no tenemos la fuerza de voluntad suficiente, o creemos que no la tenemos, y la mayoría de ellas, olvidamos lo que una vez prometimos, o las metas que nos propusimos.
Pero, ¿qué dice eso de nosotros? Pues que somos personas débiles, personas cuya palabra no tiene valor, cuyas palabras se las lleva el viento, como a las hojas en otoño. Los seres humanos somos especialmente buenos captando mensajes a través de los gestos, de los comportamientos, ya que estamos programados genéticamente para detectar señales de conducta y para entender rápidamente su significado. Por tanto, a la hora de hacernos una imagen de una persona, no es que sus palabras pasen desapercibidas para nosotros pero, sin embargo, si tenemos que juzgarle por algo, serán sus actos lo que le definan.
Ya lo dijo Goethe hace un par de siglos: “La conducta es un espejo en el que cada uno muestra su imagen”.
Por ello, nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. No dejes que tus sueños caigan en saco roto. Vete a todos los sitios a los que siempre hayas querido ir, deja tu trabajo y lucha por lo que siempre quisiste ser, ama a todas las personas que desees, demuestra tu cariño a las personas que te importan… Porque nunca es tarde, siempre se puede cambiarSolo hace falta dar el primer paso. Porque hoy puede ser el principio de una nueva vida, de un nuevo tú.
Y nunca olvides que tus actos te definen como persona. Así que, ¡actúa!

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