El mundo empieza cada día a imponer su verdad. El sol sale y otros se van. No entiendo cómo hay personas que pueden irse tan lejos estando tan cerca de mí. O quizás es que yo misma les eché. Ya no sé ni lo que ha pasado en verdad. Cada día les sientes más lejos y no puedes hacer nada por evitarlo. Quizás esté siendo egoísta por decir adiós sin decirlo, pero llevar a cuestas el dolor en la espalda es duro sobre todo cuando las vías del tren se bifurcan tras sortear mil baches inexplicables y eliges un camino, y no puedes volver hacia atrás, porque ya estás tan dentro de la nueva trayectoria que lo malo de antes incluso se te acaba olvidando. Aunque mi silencio diga lo contrario, todos los días me acuerdo de lo feliz que he sido antes de que el mundo diese un vuelco. Y repito, quizás me esté equivocando, y pido perdón por ello, pero lo único que me apetece hacer en este momento es ser yo misma incluso cuando estoy sola en casa y no tengo nada que hacer más que pensar en sus pestañas. Y ahora que empieza otra vez lo nuevo, confío en que todo lo que se mueve en mis entrañas mejore o por lo menos sea menos áspero.
Verano muerto y la pena también. Ahora tengo ganas de empezar, y seguir (con vosotros, y contigo) hasta el fin del mundo. Y pensar que quizás algún día este mes tan horrible y que nadie me va a devolver sea borrado de la historia y que todo vuelva a ser como antes. Eso es lo único que me da fuerzas. La esperanza de que un día os podré volver a querer.

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