Necesito ir a la playa.
Y no digo ‘quiero’ porque no es un capricho, es una necesidad.
La brisa siempre ha conseguido desordenar mi pelo y ordenar mi cabeza, y me gustan las dos cosas a partes iguales.
Necesito un agujero en el tiempo. Al borde del mar, los segundos se miden en olas y no hay reloj que diga lo contrario (¿quizá porque nunca llevo uno?).
Pienso escaparme en cualquier momento, aunque no tengo muy claro si es una promesa o una amenaza, en cualquier caso, un acierto.

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