jueves, 4 de febrero de 2010

Estoy dejando de fumar. Por ti.

El amor no son los besos, meter la lengua hasta el esófago y sacarla con cuidado como si estuvieses haciendo la mayor demostración de amor. Tampoco el amor es decir al cabo del día unos cuantos “te quiero” al aire como si estuvieses diciéndoselo a cualquier extraño que pasa por debajo de tu ventana. Tampoco es acompañar, llevar, traer, vigilar. El amor no es follar, no es llegar al orgasmo y después sonreír entre las sábanas como si tuvieses que agradecer que el otro/a te haya hecho disfrutar.

El amor, el amor que yo siento por él, es mucho más que todo eso. Todo eso se nos queda pequeño. Los besos no son nada si no van acompañados de un buen abrazo, de una mirada cómplice, de una sonrisa. Nuestros besos no serían nada si no echásemos de menos nuestras bocas conectadas. Los te quiero dichos están bien pero están mejor cuando el contexto no acompaña para decir esas ñoñadas. Morder la manzana no sería lo mismo si no estuviesen entre medias las caricias, las risas, las palabras. Nuestra sed. Y nuestro amor no sería el mismo si sintiésemos que nos tuviésemos que decir gracias cada vez que nos hacemos disfrutar.

Y sí. Estoy haciendo muchas cosas por ti. Entre otras ser yo siempre y con todos y en todos los sitios. Y es fácil. Nunca había sido tan fácil ser yo misma, porque estás tan dentro de mí que has conseguido que empiece a creer en mí. Y por eso sí que te tengo que dar las gracias, mi vida.

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