Siempre dije que para estar de fiesta todos valemos. Pues claro. Para ir a tomar unas cañas, para pedir unas raciones, para beberse unas copas o para reirse de la vida, sirve cualquiera con un mínimo de cociente intelectual y ganas de pasarlo bien. La diferencia reside en qué en algún punto necesitamos algo más. Alguien que nos sujete los hombros cuando nos vienen los golpes, que nos demuestre que sonreir es más fácil de lo que nos parece, que una mirada puede cambiar un día nublado, que una mano en la rodilla tiene encanto o que un abrazo nos puede dar un vuelco al corazón. Y el punto diferencia lo pones . En cada momento. Y lo peor, es que, por muy pasteloso que me quede, no lo ves. Y dan ganas de mandarlo todo a la mierda, y gritartelo. Aunque no me creas. Porque claro que también te quiero por como follamos. Y también me jode que no entiendas que lo que no nos separa, nos hace más fuertes.

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