sábado, 23 de enero de 2010

Cuando hay dolor de por medio, lo malo se vuelve peor y lo bueno deja de ser bueno.
Es como cuando los buenos dejan de ser buenos cuando dan una mala contestación. ¿Qué pasa? ¿Acaso no tienen derecho a tener un mal día?
Está claro que levantarse con el pie torcido e intentar fingir lo contrario es de cínicos. Cuando estamos tristes, estamos tristes. Y por mucho que intentemos ocultarlo, nuestra mirada acaba diciendo todo lo que nos negamos a mostrar al mundo.
Las personas estamos hechas de todas las emociones del mundo. Vinimos al mundo por una emoción que tuvieron dos personas en un mismo instante. No entiendo por qué nos dejamos la vida en ocultar que nos emocionamos, que sentimos, que echamos de menos a alguien, que tenemos miedo, que estamos preocupados, que estamos agobiados, o que estamos enamorados.
Se supone que las emociones son tan nuestras como nuestras manos. Por tanto, hagamos de lo bueno que es nuestro, dos veces mejor.

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