Muchas veces no encuentro una explicación creíble a las cosas que pasan por nuestra vida. Es tan distinto lo real de lo que vemos en los sueños que es una depresión tan grande que vacía el corazón y llena los ojos de lágrimas. Ese sentimiento es a veces tan inmenso que impide que nos liberemos y nos asfixia en un espacio tan pequeño como la oscuridad que alcanzan a ver nuestros ojos en una noche. Las nubes, el aire, el sol, el calor sobre la piel, el tacto que solo recuerdan las manos, todo eso se olvida, se añora, se vuelve melancolía y el pensamiento se nubla blanco porque nada de lo que realmente amamos nos consigue levantar. Y es un cambio tan infimamente pequeño, de un segundo, el camino que recorre la preocupación de manos de la soledad hasta difuminarse y dejar paso a la alegría. Puede parecer una tontería pero los sentimientos son así, tan finos y delgados como un cabello, dura para toda la vida pero es tan fácil perderlo. Cambios constantes. Estados cambiantes. Vida.

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