jueves, 16 de octubre de 2008

De repente, en un segundo, tantos recuerdos...

Desde hace unos días, de repente, en el autobús que cojo todos los días, huele a mi abuelo. Y todos los días, cuando lo huelo, lloro. Es un olor tan característico. Huele a mi abuelo. Ese olor que sólo podía apreciar cuando conseguía robarle un beso, ese olor que pude disfrutar mientras estuvo enfermo, mientras pude besarle casi todos los días porque su debilidad no le permitía apartarme como hacía habitualmente.


Lloro, y le echo de menos.




Huele a él.
Es increíble la cantidad de sensaciones que puede aportarte un determinado olor. Últimamente me pasa mucho porque he sacado la ropa de invierno, alguna que no utilizaba desde el año pasado.También, a veces, pasa alguien a mi lado que huele a mi duende del sur. El otro día volví a olor a mi ángel de la guarda y, de nuevo, llegaron infinitas sensaciones a mi cabeza.

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