lunes, 3 de mayo de 2010

Me vacia una cucharilla.

Me faltas tú. Puedo levantarme, caminar, dar vueltas y vueltas, volver a donde siempre. Pero sigo igual. Noto el hueco dentro de mi cuerpo, y aunque no escuece, ni duele, lo noto. Y es muy incómodo. Es muy incómodo sentir que te falta una parte, que estás incompleto. Odio el feminismo barato que afirma que la mujer no necesita a un hombre. La mujer necesita de otros, al igual que los hombres. Y cuando ese alguien falta, nos sentimos incompletos, independientemente del sexo que tengamos, independientemente de lo que nos consideremos. ¿Que si se puede vivir así? Pues sí. Claro. Claro que si. Yo sigo respirando, no he perdido ninguna de mis capacidades ni físicas ni psíquicas. Sigo teniendo el mismo cociente intelectual, o eso creo. Pero es más difícil. Más que difícil, que me canso. Me canso porque es una incomodidad diaria, a todas horas, este estar contigo pero sin ti, este echarte de menos, no tenerte cuando quiero. Y parecera una estupidez, pero cada día que pasa noto como si el hueco se hiciese más grande, ¿sabes? como si me estuvieran vaciando el cuerpo con una cucharilla. Qué angustia. Qué angustia me da que no estés aquí.

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