A veces sucede...

A veces sucede que gastas toda una vida esperando a la persona perfecta sin darte cuenta de que estuvo a tu lado todo el rato, y ni siquiera miraste. A veces sucede que estás hecha un asco, para el arrastre, harta de arrastrarte, sucia y asqueada de un mundo que aparentemente no para de darte la espalda, y basta con una palabra agradable -una simple palabra agradable- para que todo se voltee y tu cara haga al menos el amago de sonreir. A veces sucede que justo cuando das las historias bonitas por perdidas, alguien te toca en el hombro y te obliga a iniciar un cuento de manta e invierno, con caballeros, torres y dragones. Incluso alguna que otra manzana envenenada. A veces sucede que toda la teoría feminista tan sumamente bien construida y casi enquistada en tu mente de "todos son exactamente iguales" se va al garete cuando un desconocido se atreve a mirarte a los ojos y a casi escanearte las pupilas. A veces sucede que te tienes que tragar las palabras y meterte en los bolsillos las promesas de "nunca jamás volveré a tropezar con una piedra que empiece por H, de hombre o V, de varón". A veces pasa que las miradas se cruzan sin previo aviso, una piel roza a otra, la máquina roja se apodera del momento y no hay más remedio que guardarse el escudo en el bolsillo y vivir lo que está pasando, que de seguro no va a volver a pasar nunca jamás. Al menos no igual.

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