viernes, 12 de diciembre de 2008

Navegando

Érase una vez un hombrecillo de pijama blanco que viajaba en un asteroide a través del espacio.

Un día, el hombrecillo de pijama blanco observó que otro objeto se dirigía hacia su asteroide y pronto colisionarían.


Pero aquel hombrecillo que era un ser decidido e intrépido, decidió no quedarse a esperar a que ocurriese. Se montó en su cohete oxidado y se dirigió veloz a esa extraña roca que se acercaba a su hogar.


Allí descubrió nuevos seres y costumbres.

Descubrió nuevos mundos y paisajes.


Descubrió nuevas formas de vida.

Se adentró en lugares totalmente nuevos para él donde vió y aprendió.

Y así, gracias a su largo viaje, consiguió cambiar el rumbo de las cosas.


Sólo marchándose muy muy lejos, a otros lugares extraños, consiguió salvar su propio hogar.


Y regresar.

El caso es que hoy no tenía ganas de contar, pero esto me gustó. Creo que simple es la palabra.

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