sábado, 20 de diciembre de 2008

Obligados a ser Libres

Tiene que doler que una hija se te haga mayor. Y yo lo comprendo. Para mi madre no debe ser agradable saber que su hija se levanta y se acuesta cada día pensando en otra ciudad, pensando en una carrera (de vida) que no tiene un trabajo garantizado como más o menos lo puedan tener las de sus amigas. Tiene que ser difícil pensar que su hija podría haber decidido ser empresaria o abogada, y no entender por qué se ha enamorado de algo que, a su modo de ver, no trae nada bueno.
Tiene que estar rodeada de impotencia, yo la huelo cada vez que me acerco a ella, porque sabe que en otra época podría haberme impedido decidir, pero a estas alturas sólo tiene dos opciones: apoyarme o ignorarlo y apartarse a un lado.
Pero es que crecer en el siglo XX no es fácil. No es fácil porque lo tenemos todo, y esto incrementa nuestras posibilidades a la hora de elegir. Hay que tomar muchísimas decisiones siendo consciente en todo momento de que, a la larga, traeran consecuencias, y dependiendo de lo que elijas éstas serán buenas o malas. No es fácil vivir en un mundo en el que tienes la libertad de elegir constantemente, y.. comprobar que al final esa pequeñita libertad se convierte en una obligación diaria, es... horrible.
Pero al final es lo que tenemos que hacer. Si lo teñimos todo de un color positivo, la vida siempre nos da la opción de elegir. Podemos decidir cómo vivir nuestro día a día, como afrontar los problemas (incluso podemos decidir no afrontarlos), podemos decidir cómo y cuando acabar con nuestra vida. Tenemos muchísimo poder. Si nos paramos a pensar, podemos incluso elegir si queremos o no acabar con la vida de otra persona, basta con pegarle un tiro en la sien, y luego podemos decidir qué camino es mejor para escapar.
Y yo me pregunto ¿significa esto que somos libres? ¿Qué pesa más, la libertad de elección, o la obligación de vivir en una continua decisión?

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